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Profundidad cotidiana-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Se van pudriendo los manteles, los utensilios cotidianos,

las nubes esqueléticas como los mensajes usados y descascarados.

Se pudren enigmáticamente, en silencio, sin merecer más atención

que la de llantos anónimos y ajenos.

Se aceptan, sanas conversaciones,

besos, manos que enlacen la voz a su guitarra. Se admiten

devoluciones de lágrimas, arrecifes de sal, sombras postales,

y vestidos primaverales. Cortos tragos de ginebra, mares enconados

de dicha y tristeza, baúles olvidados de sangre y de ron mezclados.

Orquestas de verano, toneles derribados, fábulas digitales de óxido y

andenes olvidados. Canciones estivales, nieblas tras los párpados,

en este higiénico pabellón de limpieza estricta y acumulada.

Se pudren los manteles, los objetos delicados, las manufacturas

obligadas a ser noche en las despensas.

Y el corazón consume su bocanada de aire

y sollozan las vírgenes como un deseo sin esquinas

y bostezan las torres eléctricas del salmo y de la noche.

Fluyen los senderos con luces y andamios sostenidos,

erizos de piel se buscan y se copulan en ámbitos deteriorados.

Refulge el cansancio como una gota de cristal sobre arenas móviles,

como una eterna luminosidad de aspectos derribados y tristes.

Mi animal favorito reposa sus brazos en mi deseo,

conduzco la sangre como una esperma líquida y trasnochada.

Fluyo con el viento, tan inmóvil, de cera pura, en la tarde

derogada, antenas vibrátiles, sombras emergentes se reúnen.

Y hay un polen de advertencias en los aullidos del aire.

Hay un orden de puertas contrariadas

que desprenden su luz de cecina enjuta.

Y busco los minerales, los altos campanarios,

las mansedumbres de las fábricas, como abrojos

incendiados en las tardes soporíferas.

Y rompo los sonidos, con sus letras doradas,

de estatuas dormidas sobre flores montaraces.

Veo la abeja, la inútil abeja, crecer en su guarida,

la luz de la calle en pendiente.



©
 
Se van pudriendo los manteles, los utensilios cotidianos,

las nubes esqueléticas como los mensajes usados y descascarados.

Se pudren enigmáticamente, en silencio, sin merecer más atención

que la de llantos anónimos y ajenos.

Se aceptan, sanas conversaciones,

besos, manos que enlacen la voz a su guitarra. Se admiten

devoluciones de lágrimas, arrecifes de sal, sombras postales,

y vestidos primaverales. Cortos tragos de ginebra, mares enconados

de dicha y tristeza, baúles olvidados de sangre y de ron mezclados.

Orquestas de verano, toneles derribados, fábulas digitales de óxido y

andenes olvidados. Canciones estivales, nieblas tras los párpados,

en este higiénico pabellón de limpieza estricta y acumulada.

Se pudren los manteles, los objetos delicados, las manufacturas

obligadas a ser noche en las despensas.

Y el corazón consume su bocanada de aire

y sollozan las vírgenes como un deseo sin esquinas

y bostezan las torres eléctricas del salmo y de la noche.

Fluyen los senderos con luces y andamios sostenidos,

erizos de piel se buscan y se copulan en ámbitos deteriorados.

Refulge el cansancio como una gota de cristal sobre arenas móviles,

como una eterna luminosidad de aspectos derribados y tristes.

Mi animal favorito reposa sus brazos en mi deseo,

conduzco la sangre como una esperma líquida y trasnochada.

Fluyo con el viento, tan inmóvil, de cera pura, en la tarde

derogada, antenas vibrátiles, sombras emergentes se reúnen.

Y hay un polen de advertencias en los aullidos del aire.

Hay un orden de puertas contrariadas

que desprenden su luz de cecina enjuta.

Y busco los minerales, los altos campanarios,

las mansedumbres de las fábricas, como abrojos

incendiados en las tardes soporíferas.

Y rompo los sonidos, con sus letras doradas,

de estatuas dormidas sobre flores montaraces.

Veo la abeja, la inútil abeja, crecer en su guarida,

la luz de la calle en pendiente.



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Genial amigo BEN, verdaderamente brillantes y muy interesantes tus letras. Aplausos y enhorabuena. Saludos, feliz fin de semana.
 
Se van pudriendo los manteles, los utensilios cotidianos,

las nubes esqueléticas como los mensajes usados y descascarados.

Se pudren enigmáticamente, en silencio, sin merecer más atención

que la de llantos anónimos y ajenos.

Se aceptan, sanas conversaciones,

besos, manos que enlacen la voz a su guitarra. Se admiten

devoluciones de lágrimas, arrecifes de sal, sombras postales,

y vestidos primaverales. Cortos tragos de ginebra, mares enconados

de dicha y tristeza, baúles olvidados de sangre y de ron mezclados.

Orquestas de verano, toneles derribados, fábulas digitales de óxido y

andenes olvidados. Canciones estivales, nieblas tras los párpados,

en este higiénico pabellón de limpieza estricta y acumulada.

Se pudren los manteles, los objetos delicados, las manufacturas

obligadas a ser noche en las despensas.

Y el corazón consume su bocanada de aire

y sollozan las vírgenes como un deseo sin esquinas

y bostezan las torres eléctricas del salmo y de la noche.

Fluyen los senderos con luces y andamios sostenidos,

erizos de piel se buscan y se copulan en ámbitos deteriorados.

Refulge el cansancio como una gota de cristal sobre arenas móviles,

como una eterna luminosidad de aspectos derribados y tristes.

Mi animal favorito reposa sus brazos en mi deseo,

conduzco la sangre como una esperma líquida y trasnochada.

Fluyo con el viento, tan inmóvil, de cera pura, en la tarde

derogada, antenas vibrátiles, sombras emergentes se reúnen.

Y hay un polen de advertencias en los aullidos del aire.

Hay un orden de puertas contrariadas

que desprenden su luz de cecina enjuta.

Y busco los minerales, los altos campanarios,

las mansedumbres de las fábricas, como abrojos

incendiados en las tardes soporíferas.

Y rompo los sonidos, con sus letras doradas,

de estatuas dormidas sobre flores montaraces.

Veo la abeja, la inútil abeja, crecer en su guarida,

la luz de la calle en pendiente.



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AHORA QUIERO LLENAR MIS INSTANTES DE MIS ASUNTOS FAVORITOS MIENTRAS JURO QUE AMO LA ORTOGRAFIA, ES ELLA LA QUE NO ME AMA. BUEN DIA BEN. DESIRE SOLE
 
Haz como yo: pasa de ella, y ella pasará de ti: no hay mejor desprecio que no hacer aprecio, según dicen, un saludo y gracias-.
BUENO, EN MI CASO YA SOY TROLL PROFESIONAL, TEMA ORTOGRAFIA, Y POR ESO AMO, AMO, MI GRUPO DE ORTOGRAFIA, AHI TODOS AMAMOS LA ORTOGRAFIA.
CON RESPECTO A LO RELATIVO AL DESPRECIO, NO LO SE, LA INDIFERENCIA NO ES PRECISAMENTE DESPRECIO, PERO NO ME CONVIENE PRESTARLE ATENCION AL TEMA. PERDERIA AL TIEMPO. SALUDITOS, BUEN DIA Y QUE TODO ESTE BIEN. DESIRE
 
Se van pudriendo los manteles, los utensilios cotidianos,

las nubes esqueléticas como los mensajes usados y descascarados.

Se pudren enigmáticamente, en silencio, sin merecer más atención

que la de llantos anónimos y ajenos.

Se aceptan, sanas conversaciones,

besos, manos que enlacen la voz a su guitarra. Se admiten

devoluciones de lágrimas, arrecifes de sal, sombras postales,

y vestidos primaverales. Cortos tragos de ginebra, mares enconados

de dicha y tristeza, baúles olvidados de sangre y de ron mezclados.

Orquestas de verano, toneles derribados, fábulas digitales de óxido y

andenes olvidados. Canciones estivales, nieblas tras los párpados,

en este higiénico pabellón de limpieza estricta y acumulada.

Se pudren los manteles, los objetos delicados, las manufacturas

obligadas a ser noche en las despensas.

Y el corazón consume su bocanada de aire

y sollozan las vírgenes como un deseo sin esquinas

y bostezan las torres eléctricas del salmo y de la noche.

Fluyen los senderos con luces y andamios sostenidos,

erizos de piel se buscan y se copulan en ámbitos deteriorados.

Refulge el cansancio como una gota de cristal sobre arenas móviles,

como una eterna luminosidad de aspectos derribados y tristes.

Mi animal favorito reposa sus brazos en mi deseo,

conduzco la sangre como una esperma líquida y trasnochada.

Fluyo con el viento, tan inmóvil, de cera pura, en la tarde

derogada, antenas vibrátiles, sombras emergentes se reúnen.

Y hay un polen de advertencias en los aullidos del aire.

Hay un orden de puertas contrariadas

que desprenden su luz de cecina enjuta.

Y busco los minerales, los altos campanarios,

las mansedumbres de las fábricas, como abrojos

incendiados en las tardes soporíferas.

Y rompo los sonidos, con sus letras doradas,

de estatuas dormidas sobre flores montaraces.

Veo la abeja, la inútil abeja, crecer en su guarida,

la luz de la calle en pendiente.



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Existe siempre la aceptacion, mientras en los sentimientos vagan esos detalles que
dejan ascuas en la razon de los murales unicos. la luz como una danza expandida.
bellissimo. saludos con afecto de luzyabsenta
 

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