Profundo sueño

ivoralgor

Poeta fiel al portal
La luz penetraba por encima de los rosales que vestían piel de invierno. Ella dormía cobijada en el camastro que gemía moribundo. Caía del valle una espesa neblina que todo lo hacía verse opaco. Una voz la despertó y reaccionó sobresaltada.

- ¿Qué demonios haces aquí?
- Vine a desearte buena suerte.
- No me vengas con esas estupideces. ¿A qué viniste?
- Vine a avisarte.
- ¿Sobre qué?
- Leopoldo Triolí se escapó del manicomio.
- ¡¿Qué?!
- Juró matarte por lo que le hiciste.
- No le hice nada a ese loco degenerado.
- Jura que le robaste el sueño desde que te conoció.
- Está loco el pobre diablo. ¿Cómo escapó?
- Estranguló al enfermero. Le robó las llaves y escapó por la puerta principal. Eran las dos de la madrugada. El enfermero que estaba en la recepción fue al baño y no lo vio salir.

A Leopoldo se le desgajaba la piel al surcar por el valle. Los ojos sedientos de venganza se colapsaban con la nubosidad que imperaba en el ambiente. Los latidos desbocados enfurecían al pecho lleno laceraciones imperfectas. Faltaba unos metros para llegar a la cabaña. Irrumpió intempestivamente.

- ¿Dónde estás, maldita? ¡Con mis propias manos te mataré!

Los encontró en el dormitorio.

- Hoy dormiré profundamente.

Sacó del bolsillo del pantalón un bisturí y se cortó la yugular. La sangre salió precipitada y salpicó el piso. Las ropas blancas empezaron a teñirse de escarlata. Cayó inconsciente Leopoldo. Josefina quedó en shock. De ahora en adelante ya no dormirá profundamente.
 

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