Por todo ese sentir y afrontar,
y por esas evasiones y percusiones de gorrioncillos,
y por eso que se deja pasar…
todos los barros
toda la tierra
y toda la respiración por encima…
y las cálidas cafeteras y oseras de trapo,
y las nubes de galgos
y los márgenes de cada susurro
y el barco por ese sendero de truenos blandos,
y las laderas que envuelven
y el cauce del hueso
y el ápice de la tristeza…
la diligencia
desde los refugios de invierno,
desde ramajes de las retentivas ideales
y esa esperanza,
la promesa
la creencia
y la buena voluntad.