Protocolo de evacuación en caso de Tedio.

Ad Libitum

Poeta recién llegado
Coja unas tijeras.

Deslícela por la línea de puntos
cardinales
que separan su vida
en compartimentos espaciales
estancos
y perfectamente organizados.

Deje caer los pedazos al suelo,
no se preocupe por el desorden.
De hecho, ocúpese de él,
olvídese de todo lo demás
y céntrese en el desorden
de esos mil territorios descolonizados
cayendo sin control a su alrededor.

Celébre el caos.

Coja su brújula interna
y todos los imanes de la casa.
Reúnalas.

Verá la aguja dispararse
de una a otra dirección
descontrolada
hasta perder
para siempre
el rumbo.

Agarre esa aguja desorientada.
Arránquela.

Lama los dedos índice y corazón
de su mano hábil
con cariño,
acaricie con ellos el costado
de su pie izquierdo
e inscriba en él
con su otra mano
y con el lado punzante de la aguja
la inicial del animal
que más
le represente.

/No olvide,
nunca olvide

usar siempre
su mano fuerte para la caricia
y su mano más débil para abrir la herida./

No se preocupe por la sangre,
ocúpese de ella.

Elija una diana certera,
tire la aguja con todas sus fuerzas
hacia ella.

No acierte.

Enhorabuena.

Lo ha conseguido.

Ya está lista

para empezar a caminar
por primera vez
de nuevo.
 
Fantástica esta ruptura a tijeretazos que corta el pasado con una enorme habilidad para recomponer el caos, imprescindible presencia para poder empezar de nuevo.
Magistral poema con todas sus herramientas y clarividentes instrucciones.
¡Enorme placer leerte Ad Libitum!
Saludos y Buen Día
 
Coja unas tijeras.

Deslícela por la línea de puntos
cardinales
que separan su vida
en compartimentos espaciales
estancos
y perfectamente organizados.

Deje caer los pedazos al suelo,
no se preocupe por el desorden.
De hecho, ocúpese de él,
olvídese de todo lo demás
y céntrese en el desorden
de esos mil territorios descolonizados
cayendo sin control a su alrededor.

Celébre el caos.

Coja su brújula interna
y todos los imanes de la casa.
Reúnalas.

Verá la aguja dispararse
de una a otra dirección
descontrolada
hasta perder
para siempre
el rumbo.

Agarre esa aguja desorientada.
Arránquela.

Lama los dedos índice y corazón
de su mano hábil
con cariño,
acaricie con ellos el costado
de su pie izquierdo
e inscriba en él
con su otra mano
y con el lado punzante de la aguja
la inicial del animal
que más
le represente.

/No olvide,
nunca olvide

usar siempre
su mano fuerte para la caricia
y su mano más débil para abrir la herida./

No se preocupe por la sangre,
ocúpese de ella.

Elija una diana certera,
tire la aguja con todas sus fuerzas
hacia ella.

No acierte.

Enhorabuena.

Lo ha conseguido.

Ya está lista

para empezar a caminar
por primera vez
de nuevo.

Un excelente poema.
Es un placer disfrutar textos de esta calidad en el foro de filosóficos
Muchas gracias y enhorabuena
Abrazos
 

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