SONRISA
Poeta adicto al portal
Esa mirada, la que me conduce inevitable a los aposentos de su intimidad,
la que desclava mis nostalgias de la pared de los hastíos
algunas veces
reverdece de humor y su euforia
relampaguea bajo sus marcos
y otras, opaca
camina como un perro
con la cola entre las piernas, consternada…
A esa mirada, la que me hace cantar en las medias noches a la luna
y es lluvia
cuando humedece mi cuerpo bajo los linos,
mirada reloj
que despierta mis instintos y acrecienta mis pupilas
enciende brasas en los carbones de mis ojos
y me hace correr, de aquí para allá y de allá para acá
leyendo poemas,
escribiendo versos que zumban alegres
y los escuchas quedos, insinuantes
en hordas eróticas.
Esa mirada, trashumante caricia que me desviste implacable,
golpea en oleajes los arrecifes de mi indiferencia
y provoca tsunamis en la profundidad de mi paisaje,
calcula mapas, eleva planos,
delimita la geografía que se extiende cálida
en el perímetro cromático que encierra mi nombre.
A esa mirada, la que inventa música, que sopla silencios
la que hurga en mi voz el tono de su vino tinto,
la que me vuelve vaivén
en los alisios de su pestañeo
y formula ecuaciones en el abstracto de mis tabúes.
Mirada de noche tibia y placentera que abriga
la que me trae aromas, impresionistas de su piel
calmando las tormentas melancólicas de mi alma.
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