AIBAEZA
Poeta adicto al portal
Provócame, amor, provócame despacio
con esa ausencia que simula sueño
en el abandono de tu abrazo.
Provócame hasta que caiga la lluvia
en este mar desnudo que nos mece
a su antojo, desde el centro y hacia abajo.
Provócame en mil silencios cautivos
que extienden días y roban años,
que rezuman palabras como finos
cristales de luces. Vamos, provócame
cada vez que respire y, cuando te acerques,
que sea bailando esa danza antigua
y cadenciosa que sólo conmigo bailas.
Y sigue provocando que te provoque
sobre la vida, las aceras o las aguas,
que sigo tus pasos cuando ansiosamente
rompes los frenos que me atenazan.
Provócame, que cuando vuelvan
tus miradas suaves a besar mis estancias,
aún estaré pensando cómo decirte
todo lo que tu ausencia me provocaba.
con esa ausencia que simula sueño
en el abandono de tu abrazo.
Provócame hasta que caiga la lluvia
en este mar desnudo que nos mece
a su antojo, desde el centro y hacia abajo.
Provócame en mil silencios cautivos
que extienden días y roban años,
que rezuman palabras como finos
cristales de luces. Vamos, provócame
cada vez que respire y, cuando te acerques,
que sea bailando esa danza antigua
y cadenciosa que sólo conmigo bailas.
Y sigue provocando que te provoque
sobre la vida, las aceras o las aguas,
que sigo tus pasos cuando ansiosamente
rompes los frenos que me atenazan.
Provócame, que cuando vuelvan
tus miradas suaves a besar mis estancias,
aún estaré pensando cómo decirte
todo lo que tu ausencia me provocaba.
