Pude haber tenido
dentro de mi mente,
atrapada la luz de tus ojos.
O el húmedo rosa
de tus labios rojos.
Tuve la ocasión de tallar tu cintura
con mis dedos, brazos mozos.
La oportunidad de cegarte
con la dinámica fuerza,
del entonces juvenil gozo.
Y el tiempo pasó buscando
mudo, seguro y rápido;
la letanía del eterno abrazo,
de la mirada límpida
y la sonrisa convertida en llanto.
La separación.
Un día te fuiste sin decir nada.
Y a pesar de la luz del sol,
la vida ensombreció.
A mi lado acampó la soledad
sencilla y dura.
Con el alma rota en una mano
y en la otra el venidero futuro.
Te fuiste, callada y fría
por inhóspitos caminos
de la vida.
No desvarío en mis sinos:
Cuando quiero regresas,
o te vas de nuevo como te fuiste,
endulzando mis recuerdos.
Franklin Villanueva
dentro de mi mente,
atrapada la luz de tus ojos.
O el húmedo rosa
de tus labios rojos.
Tuve la ocasión de tallar tu cintura
con mis dedos, brazos mozos.
La oportunidad de cegarte
con la dinámica fuerza,
del entonces juvenil gozo.
Y el tiempo pasó buscando
mudo, seguro y rápido;
la letanía del eterno abrazo,
de la mirada límpida
y la sonrisa convertida en llanto.
La separación.
Un día te fuiste sin decir nada.
Y a pesar de la luz del sol,
la vida ensombreció.
A mi lado acampó la soledad
sencilla y dura.
Con el alma rota en una mano
y en la otra el venidero futuro.
Te fuiste, callada y fría
por inhóspitos caminos
de la vida.
No desvarío en mis sinos:
Cuando quiero regresas,
o te vas de nuevo como te fuiste,
endulzando mis recuerdos.
Franklin Villanueva
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