Puente de muertos
Ella nació al mismo tiempo que tú, más sola, más desnuda.
Nunca supo de ti, pero la vida fue llenando su mochila de deseos
y, en algún momento, supo que quería ser como tú.
Pero ella nació al otro lado del mar, del lado de la arena y el baobab.
Del lado de la pobreza material y la riqueza de espíritu.
Del lado de las tripas que suenan y la cabeza que sueña.
Ella no sabía gran cosa del otro lado, sólo veía retazos en
viejas televisiones que llegaban de allí, casi como limosna,
aunque para ella era una ventana al mundo de los sueños.
Su cabeza se iba llenando de sueños con cada pantallazo, y cuando
acumuló tantos hijos, deudas, palos y sueños que ya no podía soportar
el peso de su cargada mochila, decidió irse con todo al país de los sueños.
El camino es duro, todos lo sabemos, lo vemos a diario en nuestras
televisiones, aunque aquí no funcionan como una ventana a los sueños,
sino más bien a la miseria y a las pesadillas creadas de nuestro lado.
En la travesía fue perdiendo hijos, recuerdos, y sueños, todos menos uno,
que sus hijos (los que sobrevivan) sean como tú, como un tú idealizado,
claro. En su televisión no ven lo mismo que nosotros a este lado.
Con cada sueño que perdía entendía más, que son eso, los sueños,
los que soportan la vida, y ella los iba perdiendo poco a poco, a la vez
que acumulaba vejaciones, engaños, abandonos, puñetazos y violaciones.
Y aún con todo, cuando consiguió llegar a tu lado, lo que más le dolió no fue
que la separaran de sus hijos, que la encerraran en un centro o que la
desposeyeran de su humanidad, de su pasado y de su identidad.
Lo que más le dolió es que se dio cuenta de que su último sueño no era tal.
Cuando te conoció, vio que no quería ser como tú, y peor aún, que el lado
al que había traído a sus hijos les iba a hacer sufrir más que de donde venían.
Fue entonces, desposeída de todo, y sobre todo, desposeída de ese último
sueño, cuando su vida quedó vacía, cogió una sábana del centro en el que estaba
encerrada y se colgó mientras soñaba para sus hijos un sueño distinto.
Ella nació al mismo tiempo que tú, más sola, más desnuda.
Nunca supo de ti, pero la vida fue llenando su mochila de deseos
y, en algún momento, supo que quería ser como tú.
Pero ella nació al otro lado del mar, del lado de la arena y el baobab.
Del lado de la pobreza material y la riqueza de espíritu.
Del lado de las tripas que suenan y la cabeza que sueña.
Ella no sabía gran cosa del otro lado, sólo veía retazos en
viejas televisiones que llegaban de allí, casi como limosna,
aunque para ella era una ventana al mundo de los sueños.
Su cabeza se iba llenando de sueños con cada pantallazo, y cuando
acumuló tantos hijos, deudas, palos y sueños que ya no podía soportar
el peso de su cargada mochila, decidió irse con todo al país de los sueños.
El camino es duro, todos lo sabemos, lo vemos a diario en nuestras
televisiones, aunque aquí no funcionan como una ventana a los sueños,
sino más bien a la miseria y a las pesadillas creadas de nuestro lado.
En la travesía fue perdiendo hijos, recuerdos, y sueños, todos menos uno,
que sus hijos (los que sobrevivan) sean como tú, como un tú idealizado,
claro. En su televisión no ven lo mismo que nosotros a este lado.
Con cada sueño que perdía entendía más, que son eso, los sueños,
los que soportan la vida, y ella los iba perdiendo poco a poco, a la vez
que acumulaba vejaciones, engaños, abandonos, puñetazos y violaciones.
Y aún con todo, cuando consiguió llegar a tu lado, lo que más le dolió no fue
que la separaran de sus hijos, que la encerraran en un centro o que la
desposeyeran de su humanidad, de su pasado y de su identidad.
Lo que más le dolió es que se dio cuenta de que su último sueño no era tal.
Cuando te conoció, vio que no quería ser como tú, y peor aún, que el lado
al que había traído a sus hijos les iba a hacer sufrir más que de donde venían.
Fue entonces, desposeída de todo, y sobre todo, desposeída de ese último
sueño, cuando su vida quedó vacía, cogió una sábana del centro en el que estaba
encerrada y se colgó mientras soñaba para sus hijos un sueño distinto.