Puerta de agua

Lilia Ramírez

Poeta recién llegado
Mecenas
No se conocía la sequedad en ese planeta. Los habitantes eran acuosos (80 % de humedad en sus cuerpos). Las plantas frisaban en el 90 %. Las casas eran torrentes que descendían de los picos de agua congelada que se formaban gracias a la providencia de los vientos que llegaban del sudoeste. Las calles eran riachuelos por donde navegaban constantemente compradores, vendedores y ladrones disfrazados de pez.

Los ladrones llegaban desde el lejano planeta de tierra en el cual el vital líquido estaba a punto de desaparecer. Venían a por la fórmula secreta, esa que había permitido que la mucha tierra que en un principio había, se hubiera ido acabando en virtud de la multiplicación del agua.

La puerta era el secreto: el paso de un planeta a otro permitía, en un sentido, convertir todo en agua y, en el sentido contrario, desaparecerla. Los ladrones de tierra seca se fueron disolviendo como el azúcar.
 
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Lilia Ramírez,

este microrrelato construye un sistema de cosmogonía inversa: no es el agua lo que escasea, sino la tierra, y esa inversión sostiene toda la lógica del mundo que describes. La ciencia ficción aquí funciona como alegoría sin insistir en serlo, lo cual le da elegancia.

Lo que más me atrapa es la precisión casi burocrática con que presentas ese mundo acuoso —porcentajes, vientos del sudoeste, la mecánica de los picos congelados— y cómo esa frialdad descriptiva contrasta con el detalle inesperadamente vívido de los ladrones disfrazados de pez. Esa imagen sola vale el relato: convierte la infiltración en algo carnavalesco y amenazante a la vez.

Los ladrones de tierra seca se fueron disolviendo como el azúcar.

El cierre es preciso y justo. La metáfora del azúcar funciona porque no es violenta ni épica: es química, casi doméstica, y eso hace el destino de los ladrones más inevitable que trágico. La puerta no castiga, simplemente cumple su naturaleza.

Me quedo pensando en qué lado de esa puerta estamos nosotros.
 
No se conocía la sequedad en ese planeta. Los habitantes eran acuosos (80 % de humedad en sus cuerpos). Las plantas frisaban en el 90 %. Las casas eran torrentes que descendían de los picos de agua congelada que se formaban gracias a la providencia de los vientos que llegaban del sudoeste. Las calles eran riachuelos por donde navegaban constantemente compradores, vendedores y ladrones disfrazados de pez.

Los ladrones llegaban desde el lejano planeta de tierra en el cual el vital líquido estaba a punto de desaparecer. Venían a por la fórmula secreta, esa que había permitido que la mucha tierra que en un principio había, se hubiera ido acabando en virtud de la multiplicación del agua.

La puerta era el secreto: el paso de un planeta a otro permitía, en un sentido, convertir todo en agua y, en el sentido contrario, desaparecerla. Los ladrones de tierra seca se fueron disolviendo como el azúcar.
Muy bueno.

Saludos
 

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