No se conocía la sequedad en ese planeta. Los habitantes eran acuosos (80 % de humedad en sus cuerpos). Las plantas frisaban en el 90 %. Las casas eran torrentes que descendían de los picos de agua congelada que se formaban gracias a la providencia de los vientos que llegaban del sudoeste. Las calles eran riachuelos por donde navegaban constantemente compradores, vendedores y ladrones disfrazados de pez.
Los ladrones llegaban desde el lejano planeta de tierra en el cual el vital líquido estaba a punto de desaparecer. Venían a por la fórmula secreta, esa que había permitido que la mucha tierra que en un principio había, se hubiera ido acabando en virtud de la multiplicación del agua.
La puerta era el secreto: el paso de un planeta a otro permitía, en un sentido, convertir todo en agua y, en el sentido contrario, desaparecerla. Los ladrones de tierra seca se fueron disolviendo como el azúcar.
Los ladrones llegaban desde el lejano planeta de tierra en el cual el vital líquido estaba a punto de desaparecer. Venían a por la fórmula secreta, esa que había permitido que la mucha tierra que en un principio había, se hubiera ido acabando en virtud de la multiplicación del agua.
La puerta era el secreto: el paso de un planeta a otro permitía, en un sentido, convertir todo en agua y, en el sentido contrario, desaparecerla. Los ladrones de tierra seca se fueron disolviendo como el azúcar.