PUÑAL DE LUCES
A través de la tristeza milenaria del hombre
viajando por cavernas de rocas renegridas,
como un puñal de luces, como un eco de luces,
como la voz de Dios tu sonrisa en mis sienes.
Tu alma en mis sienes y tu voz en mis sienes
y tu paz nueva ofrecida en los viejos cubiertos.
Nada ha cambiado pero somos distintos;
ni la piel ha cambiado, ni los ojos de agua,
ni las manos que sufren porque no tienen uñas.
Es sólo quitarte la carga pesada:
quitas tu cabellera y la dejas en la puerta,
y tu cuerpo que todos poseían en sueños
y tus labios sensuales que invitaban al beso
y tu coqueta alegría triste, todo lo dejas,
hasta tu sexo colgado entre las rejas.
Y entrarás como eres hasta mi hogar abierto
donde me encontrarás como no he sido siempre.
Desnuda de cuerpo llegarás a mi alma,
sola con tus cicatrices que tiraré a la noche,
y te convenceré del día, la luz y la mañana,
de los prados hermosos que el amor ha sembrado
entre el dolor de todos, entre el dolor pasado,
y será el retozar húmedo entre los pétalos
y mi alma de su mano te llevará al crepúsculo
y veremos juguetear detrás a nuestros hijos.
A través de la tristeza milenaria del hombre
quedará en el recuerdo, algún día, lo que fuimos...
Derechos reservados
Libro Tatuajes del Alma
A través de la tristeza milenaria del hombre
viajando por cavernas de rocas renegridas,
como un puñal de luces, como un eco de luces,
como la voz de Dios tu sonrisa en mis sienes.
Tu alma en mis sienes y tu voz en mis sienes
y tu paz nueva ofrecida en los viejos cubiertos.
Nada ha cambiado pero somos distintos;
ni la piel ha cambiado, ni los ojos de agua,
ni las manos que sufren porque no tienen uñas.
Es sólo quitarte la carga pesada:
quitas tu cabellera y la dejas en la puerta,
y tu cuerpo que todos poseían en sueños
y tus labios sensuales que invitaban al beso
y tu coqueta alegría triste, todo lo dejas,
hasta tu sexo colgado entre las rejas.
Y entrarás como eres hasta mi hogar abierto
donde me encontrarás como no he sido siempre.
Desnuda de cuerpo llegarás a mi alma,
sola con tus cicatrices que tiraré a la noche,
y te convenceré del día, la luz y la mañana,
de los prados hermosos que el amor ha sembrado
entre el dolor de todos, entre el dolor pasado,
y será el retozar húmedo entre los pétalos
y mi alma de su mano te llevará al crepúsculo
y veremos juguetear detrás a nuestros hijos.
A través de la tristeza milenaria del hombre
quedará en el recuerdo, algún día, lo que fuimos...
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