Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cuando el punto y la coma están equivocadas,
cuando las palabras se resbalan por la página como si no entendieran su propio peso,
todo se descompone,
como un poema que nunca debió ser escrito,
como esa declaración de amor que nunca quise hacer.
Escribía algo simple, sin intenciones,
una frase perdida entre dos líneas,
un pensamiento que no buscaba nada más que existir.
Pero entonces no puse el punto donde iba,
y la coma se me escapó,
y de pronto, lo que era un juego de palabras
se convirtió en un "te amo" sin permiso.
Ahí estaba,
una confesión absurda,
hecha de tinta equivocada,
de comas que no supieron detenerse a tiempo,
de puntos que dejaron correr la sangre de lo no dicho,
y ahora, ¿cómo vuelvo atrás?
El poema, ese que empezaba con una metáfora tonta,
ahora te mira a los ojos,
como si de verdad quisiera decir algo que nunca debí escribir.
Y tú lo lees,
y tal vez piensas que lo siento,
que es mi verdad escondida entre los renglones torcidos,
pero no,
no lo era,
no lo es.
Es solo que la gramática me traicionó,
las pausas se deshicieron entre tus manos,
y lo que era nada,
se volvió todo.
Un poema que no era para ti,
que no era para nadie,
y sin embargo,
aquí estamos,
tú leyéndolo como si de verdad importara,
como si el error fuera lo más honesto que he escrito en años.
Así que ahora,
por no poner el punto donde debía,
por dejar que las comas juguetearan como niñas traviesas,
te entrego este poema de amor
que nunca fue un poema de amor
hasta que lo leíste.
cuando las palabras se resbalan por la página como si no entendieran su propio peso,
todo se descompone,
como un poema que nunca debió ser escrito,
como esa declaración de amor que nunca quise hacer.
Escribía algo simple, sin intenciones,
una frase perdida entre dos líneas,
un pensamiento que no buscaba nada más que existir.
Pero entonces no puse el punto donde iba,
y la coma se me escapó,
y de pronto, lo que era un juego de palabras
se convirtió en un "te amo" sin permiso.
Ahí estaba,
una confesión absurda,
hecha de tinta equivocada,
de comas que no supieron detenerse a tiempo,
de puntos que dejaron correr la sangre de lo no dicho,
y ahora, ¿cómo vuelvo atrás?
El poema, ese que empezaba con una metáfora tonta,
ahora te mira a los ojos,
como si de verdad quisiera decir algo que nunca debí escribir.
Y tú lo lees,
y tal vez piensas que lo siento,
que es mi verdad escondida entre los renglones torcidos,
pero no,
no lo era,
no lo es.
Es solo que la gramática me traicionó,
las pausas se deshicieron entre tus manos,
y lo que era nada,
se volvió todo.
Un poema que no era para ti,
que no era para nadie,
y sin embargo,
aquí estamos,
tú leyéndolo como si de verdad importara,
como si el error fuera lo más honesto que he escrito en años.
Así que ahora,
por no poner el punto donde debía,
por dejar que las comas juguetearan como niñas traviesas,
te entrego este poema de amor
que nunca fue un poema de amor
hasta que lo leíste.