poetakabik
Poeta veterano en el portal
En una noche de luna
con sus racimitos blancos,
brillantes como la plata,
me entregué a mis pensamientos.
con sus racimitos blancos,
brillantes como la plata,
me entregué a mis pensamientos.
Después de estar contemplando
la inmensidad de esa noche,
la comparaba contigo
con tu mirada y tus ojos,
pensé que besar tus labios
era mucho más divino
que contemplar las estrellas,
y se me ocurrió de pronto
dar tu nombre a una de ellas.
la inmensidad de esa noche,
la comparaba contigo
con tu mirada y tus ojos,
pensé que besar tus labios
era mucho más divino
que contemplar las estrellas,
y se me ocurrió de pronto
dar tu nombre a una de ellas.
Y en las noches sucesivas
cuando la luna salía,
noté que me reprochaba
la decisión que tomé,
¿Por qué, pregunto enfadada,
tu nombre le dí a una estrella?,
siendo ella la más bella,
la que más siempre brillaba
la que alumbraba la senda
que al amor acompañaba,
reflejando en la mirada
de los amantes furtivos
los besos que se robaban,
escuchando los latidos,
de corazones que hablaban.
cuando la luna salía,
noté que me reprochaba
la decisión que tomé,
¿Por qué, pregunto enfadada,
tu nombre le dí a una estrella?,
siendo ella la más bella,
la que más siempre brillaba
la que alumbraba la senda
que al amor acompañaba,
reflejando en la mirada
de los amantes furtivos
los besos que se robaban,
escuchando los latidos,
de corazones que hablaban.
Yo le contesté despacio
con voz serena y tranquila,
que a su cara de topacio
le daba tu piel morena,
para que noche tras noche,
la acariciara despacio.
con voz serena y tranquila,
que a su cara de topacio
le daba tu piel morena,
para que noche tras noche,
la acariciara despacio.
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