Dan_Z
Poeta recién llegado
Mira como habla mi corazón,
así mismo oscurece el arreból
a pocos metros de tus senos.
Te niego del milagro del amor
y te someto ante las disciplinas
de la lascivia y el hedonismo.
No dejes que mi alma hable más,
cerrádla con una prisión de ensueños,
de esas que colocas a pocos metros
del marbete que me indica cuando estoy
en la Cinquième Avenue;
sáldate con profanos idilios
y enséñales a fumar y a jugar,
para que conozcan el trueque
del humo irrisorio de boca a boca,
y aprecien el semblante de Venus cósmica,
y se expongan al juego de azar profano
erigido sobre el pecado mondo
del vino y el agua salada.
Sal de las bragas tuyas y adopta
la postura del noviembre flébil
que cae entre hojas de sexo triste,
con un harén de rubiecillas tontas
para el alma sola.
No desgastes tus labios, princesa,
que no he conocido otras radiaciones
que a ellas pertenezcan
y haz de tu voz soprana,
vitalitas mustias entonadas
durante el ejercicio
del trabajo natural
para querer buscarte y poder encontrarte
una y enésimas veces
hasta que el alba supure
románticos fluidos
que conlleven al amor,
y del amor a la literatura,
y de la literatura a la poesía,
y de la poesía, a las avenidas:
universidades del coñác
y de las cátedras que evalúan besos
del silente nocturno entre coordenadas meretrices
que llevan a tí.
así mismo oscurece el arreból
a pocos metros de tus senos.
Te niego del milagro del amor
y te someto ante las disciplinas
de la lascivia y el hedonismo.
No dejes que mi alma hable más,
cerrádla con una prisión de ensueños,
de esas que colocas a pocos metros
del marbete que me indica cuando estoy
en la Cinquième Avenue;
sáldate con profanos idilios
y enséñales a fumar y a jugar,
para que conozcan el trueque
del humo irrisorio de boca a boca,
y aprecien el semblante de Venus cósmica,
y se expongan al juego de azar profano
erigido sobre el pecado mondo
del vino y el agua salada.
Sal de las bragas tuyas y adopta
la postura del noviembre flébil
que cae entre hojas de sexo triste,
con un harén de rubiecillas tontas
para el alma sola.
No desgastes tus labios, princesa,
que no he conocido otras radiaciones
que a ellas pertenezcan
y haz de tu voz soprana,
vitalitas mustias entonadas
durante el ejercicio
del trabajo natural
para querer buscarte y poder encontrarte
una y enésimas veces
hasta que el alba supure
románticos fluidos
que conlleven al amor,
y del amor a la literatura,
y de la literatura a la poesía,
y de la poesía, a las avenidas:
universidades del coñác
y de las cátedras que evalúan besos
del silente nocturno entre coordenadas meretrices
que llevan a tí.
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