¡Que calle el río de piedra!
¡Que se calle la aceituna!
Que para borrar mi pena,
quiero un trocito de luna.
Viene el aire por el monte,
con sandalias de cristal,
buscando en el horizonte
el sabor del olivar.
¡Ay, que mi alma se calle!
¡Ay, mi alma de sal y arena!
Que baje el astro y la limpie
y se lleve esta cadena.
Se me perdió por el puerto,
entre barcos y chalanas,
la lluvia de una querencia
que dormía en las mañanas.
¡Qué callada está la herida
con su soledad burlona!
Moja el pañuelo, mi vida,
en mi seca ola llorona.
La playa se ve canela
con la orilla de sirena;
el recuerdo es una estela,
bogar de vela serena.
¡Que se rasgue la guitarra!
¡Que se encienda la verbena!
Que la mar pronto me traiga
el beso de mi azucena.
*****
¡Que se calle la aceituna!
Que para borrar mi pena,
quiero un trocito de luna.
Viene el aire por el monte,
con sandalias de cristal,
buscando en el horizonte
el sabor del olivar.
¡Ay, que mi alma se calle!
¡Ay, mi alma de sal y arena!
Que baje el astro y la limpie
y se lleve esta cadena.
Se me perdió por el puerto,
entre barcos y chalanas,
la lluvia de una querencia
que dormía en las mañanas.
¡Qué callada está la herida
con su soledad burlona!
Moja el pañuelo, mi vida,
en mi seca ola llorona.
La playa se ve canela
con la orilla de sirena;
el recuerdo es una estela,
bogar de vela serena.
¡Que se rasgue la guitarra!
¡Que se encienda la verbena!
Que la mar pronto me traiga
el beso de mi azucena.
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