Évano
Libre, sin dioses.
Quisiera comprar los sueños
de los hijos que se van;
sembrarlos en mi jardín,
cerca del tiempo que queda.
Mas, el imposible esfuerzo
se torna árido paisaje;
la boca, arena, afonía;
las manos, zarzas inútiles
y los pies se hunden en dunas
de nuestra privada España.
Cierran manos, bolsillos, ojos,
y abren puertas y empujan espaldas;
niegan la ética a la infancia,
muestran el mundo a su manera,
sacian la hucha de los bárbaros,
alejan las luces de esta tierra
y borran el verbo que comparte
para grabar el que compite.
Los sueños, los hijos se van
y nos encerramos en lo iluso de lo viejo.
¡Movilidad exterior!, afirman los hipócritas,
los vendedores de miedo, de palabras idiotas,
los títeres del gélido hombre del Norte que viene
y recolecta a los rayos alegres del Sur,
los siempre traidores que gritan
ser bandera de nuestra España.
Vendedores de miedo, de palabras idiotas,
de esa movilidad exterior en vez
de la emigración por el hambre que siembran
en campos y ciudades donde brotan los jóvenes.
Necios diablos comprando al Norte el Hielo
necesario para sus almas de averno.
Quisiera comprar las risas que marchan
con paso de frontera,
sin billete ni alegría de vuelta;
las que nos dejan sin futuros,
sin presentes,
sin amores,
sin dudas,
sin algarabías,
sin hijos,
sin nietos...
sin Vidas.
La lucha por la vida se va de nuestros ojos
y nos quedan
los recuerdos, el llanto de lo oscuro,
el tintineo de las monedas sonando
en los cuatro bolsillos de siempre,
en los cuatro bolsillos de los Hijos de Puta de siempre.
No andaremos con ellos los Caminos,
los andarán los otros, los gélidos
hombres del Norte insaciable;
y en sus vueltas veraniegas los veremos
con menos luz en sus ojos,
y cada vez,
a cada vuelta,
más hielo
entre nosotros.
A los más de un millón de jóvenes que han emigrado de España durante esta "Crisis".
de los hijos que se van;
sembrarlos en mi jardín,
cerca del tiempo que queda.
Mas, el imposible esfuerzo
se torna árido paisaje;
la boca, arena, afonía;
las manos, zarzas inútiles
y los pies se hunden en dunas
de nuestra privada España.
Cierran manos, bolsillos, ojos,
y abren puertas y empujan espaldas;
niegan la ética a la infancia,
muestran el mundo a su manera,
sacian la hucha de los bárbaros,
alejan las luces de esta tierra
y borran el verbo que comparte
para grabar el que compite.
Los sueños, los hijos se van
y nos encerramos en lo iluso de lo viejo.
¡Movilidad exterior!, afirman los hipócritas,
los vendedores de miedo, de palabras idiotas,
los títeres del gélido hombre del Norte que viene
y recolecta a los rayos alegres del Sur,
los siempre traidores que gritan
ser bandera de nuestra España.
Vendedores de miedo, de palabras idiotas,
de esa movilidad exterior en vez
de la emigración por el hambre que siembran
en campos y ciudades donde brotan los jóvenes.
Necios diablos comprando al Norte el Hielo
necesario para sus almas de averno.
Quisiera comprar las risas que marchan
con paso de frontera,
sin billete ni alegría de vuelta;
las que nos dejan sin futuros,
sin presentes,
sin amores,
sin dudas,
sin algarabías,
sin hijos,
sin nietos...
sin Vidas.
La lucha por la vida se va de nuestros ojos
y nos quedan
los recuerdos, el llanto de lo oscuro,
el tintineo de las monedas sonando
en los cuatro bolsillos de siempre,
en los cuatro bolsillos de los Hijos de Puta de siempre.
No andaremos con ellos los Caminos,
los andarán los otros, los gélidos
hombres del Norte insaciable;
y en sus vueltas veraniegas los veremos
con menos luz en sus ojos,
y cada vez,
a cada vuelta,
más hielo
entre nosotros.
A los más de un millón de jóvenes que han emigrado de España durante esta "Crisis".
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