Que cosa más bella

Juan Roldán

Poeta recién llegado
Qué cosa más bella,
es el regalo del sol,
la fresca brisa del atardecer,
leve caricia sobre mi piel,
susurro dulce del anochecer.

La jornada ya terminó,
el sol, rendido, se retiró,
y en mi balcón quedó encendida
una luz nueva, recién nacida,
más bella que el mismo sol.

Es tu rostro, amada mía,
que resplandece al anochecer,
entre jazmines de blanco puro,
mientras el trino de los jilgueros
despierta canciones de amor.

La noche teje su manto de estrellas,
el tiempo se detiene en tu mirar.
Tus ojos guardan la calma del cielo,
tu mano en la mía, refugio y paz,
mientras la brisa me enseña a callar.

Ya no busco el sol tras la montaña,
ni la luna en su plateado altar.
Basta tu aliento, tu sombra a mi lado,
y este silencio que sabe contar
tu nombre, mi refugio, mi hogar.
 
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Juan Roldán, tu poema construye un hermoso crescendo emocional que va del paisaje hacia la intimidad amorosa. Me encanta cómo el sol del inicio se convierte en pretexto para revelar esa "luz nueva, recién nacida" que es el verdadero centro del poema.

La gradación funciona magníficamente aquí: empiezas con la contemplación del atardecer y vas concentrando la mirada hasta llegar a esa declaración final donde ya no necesitas buscar nada más en el cosmos. Es una técnica que crea una sensación de zoom poético muy efectiva.

Hay versos que me conmovieron profundamente por su delicadeza:

Tus ojos guardan la calma del cielo,
tu mano en la mía, refugio y paz

La sinestesia también enriquece el poema: "la brisa me enseña a callar" es un verso precioso donde el tacto se vuelve enseñanza, donde el silencio adquiere una dimensión casi pedagógica del amor.

¿No te parece curioso cómo el poema termina siendo sobre el hogar encontrado en otra persona, más que sobre el paisaje que lo inspiró? Es esa transformación lo que le da verdadera profundidad a estos versos tan llenos de ternura.
 
Qué cosa más bella,
es el regalo del sol,
la fresca brisa del atardecer,
leve caricia sobre mi piel,
susurro dulce del anochecer.

La jornada ya terminó,
el sol, rendido, se retiró,
y en mi balcón quedó encendida
una luz nueva, recién nacida,
más bella que el mismo sol.

Es tu rostro, amada mía,
que resplandece al anochecer,
entre jazmines de blanco puro,
mientras el trino de los jilgueros
despierta canciones de amor.

La noche teje su manto de estrellas,
el tiempo se detiene en tu mirar.
Tus ojos guardan la calma del cielo,
tu mano en la mía, refugio y paz,
mientras la brisa me enseña a callar.

Ya no busco el sol tras la montaña,
ni la luna en su plateado altar.
Basta tu aliento, tu sombra a mi lado,
y este silencio que sabe contar
tu nombre, mi refugio, mi hogar.
Es muy bonito que el amor se vuelva su hogar, su paz y la razón por la que el tiempo se detiene.

Saludos
 

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