[FONT="]Una mujer se oye en mi cuerpo
[FONT="]deshabitado, que no es igual
[FONT="]a las demás sino un lenguaje
[FONT="]en mis dedos, una potestad mental,
[FONT="]un freno que no lamenta
[FONT="]su estampida. Soy cierta fe,
[FONT="]el paladar donde empieza
[FONT="]su dulzura y la carne donde
[FONT="]termina su naturaleza.
[FONT="]Llenos de créditos infernales
[FONT="]a la orilla de nuestras vidas,
[FONT="]que ni siquiera tomamos en cuenta.
[FONT="]La nebulosa del tiempo y de la
[FONT="]espera como un piojo en la cabeza
[FONT="]de la mitología. Pero si eso fuera
[FONT="](como dicen) la felicidad,
[FONT="]el amor verdadero
[FONT="]¿Serán sintéticos
[FONT="]los instantes de ventura?
[FONT="]¿O será tan vulgar la decepción
[FONT="]y las creencias? ¿Su rostro
[FONT="]deformará mi tristeza?
[FONT="]¿O en otro lado permaneceré
[FONT="]arrellanado y en silencio?
[FONT="]Exploro ahíto de discreción
[FONT="]el actuar del destino,
[FONT="]bajo una especie de ideas
[FONT="]clavadas en el pecho:
[FONT="]El azar quizá rige estas cosas.
[FONT="]La mojada tarde me trae
[FONT="]el recuerdo de aquel día,
[FONT="]de los zócalos, de las risas,
[FONT="]las gargantas mezclándose
[FONT="]con el licor y las pedradas
[FONT="]de la noche, con los prodigios
[FONT="]y el ayuno de sangre
[FONT="]que parecía una peinada emoción.
[FONT="]Atrapados asumíamos el inacabable
[FONT="]encuentro y su dicha.
[FONT="]Yo también temía, ella era
[FONT="]inconstante. Parecía que ambos
[FONT="]ya éramos, desde antes,
[FONT="]un castigo y un perdón.
[FONT="]En nuestro romance hay dos
[FONT="]idiomas: Uno es el ser
[FONT="]desconocidos, el otro usa
[FONT="]de aprensiones.
[FONT="]Ya escucho sus pasos,
[FONT="]ya sus labios rajan mi sombra
[FONT="]y mis palabras ahondan su ayuno.
[FONT="]No habrá bruma que separe
[FONT="]nuestras manos; quizá de breves
[FONT="]dichas y largas penas.
[FONT="]Lo ignoraremos. Porque ambos
[FONT="]somos tan distintos y amamos
[FONT="]lo que no conocemos.
[FONT="]deshabitado, que no es igual
[FONT="]a las demás sino un lenguaje
[FONT="]en mis dedos, una potestad mental,
[FONT="]un freno que no lamenta
[FONT="]su estampida. Soy cierta fe,
[FONT="]el paladar donde empieza
[FONT="]su dulzura y la carne donde
[FONT="]termina su naturaleza.
[FONT="]Llenos de créditos infernales
[FONT="]a la orilla de nuestras vidas,
[FONT="]que ni siquiera tomamos en cuenta.
[FONT="]La nebulosa del tiempo y de la
[FONT="]espera como un piojo en la cabeza
[FONT="]de la mitología. Pero si eso fuera
[FONT="](como dicen) la felicidad,
[FONT="]el amor verdadero
[FONT="]¿Serán sintéticos
[FONT="]los instantes de ventura?
[FONT="]¿O será tan vulgar la decepción
[FONT="]y las creencias? ¿Su rostro
[FONT="]deformará mi tristeza?
[FONT="]¿O en otro lado permaneceré
[FONT="]arrellanado y en silencio?
[FONT="]Exploro ahíto de discreción
[FONT="]el actuar del destino,
[FONT="]bajo una especie de ideas
[FONT="]clavadas en el pecho:
[FONT="]El azar quizá rige estas cosas.
[FONT="]La mojada tarde me trae
[FONT="]el recuerdo de aquel día,
[FONT="]de los zócalos, de las risas,
[FONT="]las gargantas mezclándose
[FONT="]con el licor y las pedradas
[FONT="]de la noche, con los prodigios
[FONT="]y el ayuno de sangre
[FONT="]que parecía una peinada emoción.
[FONT="]Atrapados asumíamos el inacabable
[FONT="]encuentro y su dicha.
[FONT="]Yo también temía, ella era
[FONT="]inconstante. Parecía que ambos
[FONT="]ya éramos, desde antes,
[FONT="]un castigo y un perdón.
[FONT="]En nuestro romance hay dos
[FONT="]idiomas: Uno es el ser
[FONT="]desconocidos, el otro usa
[FONT="]de aprensiones.
[FONT="]Ya escucho sus pasos,
[FONT="]ya sus labios rajan mi sombra
[FONT="]y mis palabras ahondan su ayuno.
[FONT="]No habrá bruma que separe
[FONT="]nuestras manos; quizá de breves
[FONT="]dichas y largas penas.
[FONT="]Lo ignoraremos. Porque ambos
[FONT="]somos tan distintos y amamos
[FONT="]lo que no conocemos.