Etimológicamente filosofía quiere decir amor a la sabiduría. Para entender qué es filosofar, debería definir qué se entiende por sabiduría. Sabiduría no es sólo saber, es más que saber, es saber emplear el saber, es saber vivir. Lo curioso es que muchos de los filósofos más importantes de la historia, han sido malos vividores, más bien no sabían vivir, eran antisociales, misóginos, estaban completamente alienados de la vida, y filosofaban a un costado del camino, pero sin recorrerlo.
Algo que ocurría con estos filósofos, era que en lugar de amar la sabiduría, amaban el saber, querían saber más y más, saberlo todo, crear nuevo conocimiento, crear grandes sistemas que abarcaran todos los fenómenos. Antiguamente se esperaba de una filosofía que fuera un sistema cerrado que abarcara todo lo real, todo lo existente, un sistema desde el que pudiera definirse cualquier fenómeno, tanto conocido como por conocer, pues si ese sistema estaba completamente logrado, la prueba de que estaba logrado era, precisamente, que pudiera incluir aún aquellos fenómenos que aún no se conocieran.
El incontrolable deseo por saber, era fruto de un gran egoísmo, y ese deseo no acercaba a la sabiduría, sino que alejaba cada vez más al pensador de ella. El equívoco de confundir saber por sabiduría, condujo a un extravío del filósofo. Este nuevo filósofo, necesitaba asegurarse de que su saber fuera cierto, aún no existía el método científico, por lo que debía encontrar algún principio que le permitiera -como ocurre en la geometría-, desarrollar un saber racional. En lugar de tomar la cosa como soporte de su investigación, tomó el proceso del pensar, la lógica, lógica que le debería haber permitido saber si iba por el buen camino en su búsqueda de la verdad, y en la construcción de su sistema.
De esta manera, el filósofo se alejaba cada vez más de la sabiduría, estaba completamente perdido en las ramificaciones de su pensamiento, y en las formas de ejercer algún control, método, para saber que no se había perdido. Se quería investigar en filosofía de la misma forma como se investiga en matemáticas, a través de un crecimiento de las partes. Poco a poco ese campo fue creciendo, se estudiaba la lógica, se desarrollaban muchas lógicas y en cada una de ellas se profundizaba más y más, se trataba de definir qué era materia, substancia, accidente, ente, etc.; cada vez se volvía más técnica, y más alejada de la realidad. La persona común y corriente al oír acerca de las cuestiones que estudia la filosofía, siente que ese saber es cómo cosa de otro universo, que no tiene nada que ver con la vida, que no le sirve para nada en el vivir diario, que constituye un saber que no sirve realmente para nada, salvo para los juegos dialécticos de los filósofos, juegos construidos para darse importancia en cuestiones que no la tienen. Los filósofos hasta llegan a decir que su saber tiene valor debido a que no tiene valor, parten de que el filosofar constituye una meditación sin valor práctico, no se dan cuenta que esto no es la base de la filosofía, sino que al llegar a percatarse de la inutilidad de su filosofar, no les queda otra cosa que afirmar lo que ocurre.
Cada filósofo debe comenzar su tarea por el comienzo, esto lo dijo Ortega y Gaset. Cierto. No se debe entrar a la filosofía y seguir lo que se está haciendo, porque eso conduce a perpetuar el estado de confusión.
Otro problema del filósofo es la de justificarse, saben que no son científicos, y que el saber científico se sustenta por sus resultados, pero el filósofo sufre de una crisis de identidad, pues alguien que defina su hacer como carente de utilidad, debe recurrir a alguna trampa dialéctica para justificarse. Una persona no puede presentarse en sociedad como doctor en cosas sin valor.
¿Cómo comienzo yo mi tarea? Desde el comienzo, no preocupándome por lo que otros estén haciendo en filosofía, ni siquiera por los trabajos actuales en materia de teoría del conocimiento, lógica, y todo el blablabla técnico. Yo veo la filosofía como más cercana a la sabiduría que al saber, y la sabiduría es la habilidad para vivir de la mejor manera posible, por lo que está más cercana a un arte.
Tengo la costumbre de emplear el juego de ajedrez para ilustrar mi pensamiento, al juego de ajedrez se le llama juego ciencia, pero también hay mucho arte, una combinación de ambas. El juego de ajedrez es como la vida, complejo, y nunca se puede saber todo para jugar, se conocen partes del juego, se conocen aperturas, formaciones de piezas, posiciones, finales, estrategias de juego, etc., pero la parte más cercana al arte, consiste en que es necesario unir esos saberes para jugar, integrarlos, y cada individuo integra esos saberes según un criterio interno que va desarrollando, una especie de sentido que le guía, ese sentido que le guía y que se afina con la experiencia, es lo que llamo sabiduría, y es lo que ocurre en la vida con la sabiduría, o el arte de vivir. Vamos desarrollando ese sentido que nos guía, a veces bien, otras no tanto, pero que continuamente se va afinando. Cada persona va desarrollando un conjunto de saberes del tipo que se llaman saberes populares, saberes que hoy se desacreditan por la ciencia, pero la ciencia crea otros saberes populares, tal vez más precisos y mejor sustentados, pero operan de la misma forma. Un viejo médico ha ido acumulando un conjunto de saberes que llama experiencia personal.
Para mi filosofar es operar como en el ajedrez, trabajar en ciertos problemas, problemas cuya elección -al igual que en el ajedrez-, parten de mis preferencias, tal vez de los obstáculos que haya ido encontrando en mi vida, pero eso es filosofar para mí. No me encuentro perdido en problemas de lógica, porque la realidad de las cosas, para mí no parte de la lógica de su expresión, parte del sentido que tengo de realidad, de la intuición. Si digo: la pared es verde. No debo demostrar que es así, no hay nada que explicar, de esas tonterías se encargan los que deben justificar cualquier barrabasada que dicen. La necesidad de autojustificar cualquier cosa, parte de una sensación interna de inseguridad y de no estar completamente convencidos de lo que dicen. Si todo se pusiera en cuestión y se debiera andar con explicaciones de método, y esas cosas, siempre se estaría comenzando las exposiciones sin nunca avanzar. No hay que temerle a las opiniones, pues por las opiniones nos movemos.
El motivo por el cual uno la actividad del pensar a la experiencia, al vivir, es que el sentido interno llamado sabiduría se va desarrollando durante el vivir, y si la actividad del pensamiento se divorcia del vivir, se corta completamente el cordón que nos une a la vida, y ya no estamos aprendiendo, afinando el sentido interno de nosotros mismos, sino que estamos trabajando en vacío, sólo por el desarrollo del ejercicio de la opinión correcta, pero que a las dos palabras, el menos sensible de los hombres, capta inmediatamente como palabra vacía. La palabra verdadera está alimentada por la vida, la emoción.
Algo que ocurría con estos filósofos, era que en lugar de amar la sabiduría, amaban el saber, querían saber más y más, saberlo todo, crear nuevo conocimiento, crear grandes sistemas que abarcaran todos los fenómenos. Antiguamente se esperaba de una filosofía que fuera un sistema cerrado que abarcara todo lo real, todo lo existente, un sistema desde el que pudiera definirse cualquier fenómeno, tanto conocido como por conocer, pues si ese sistema estaba completamente logrado, la prueba de que estaba logrado era, precisamente, que pudiera incluir aún aquellos fenómenos que aún no se conocieran.
El incontrolable deseo por saber, era fruto de un gran egoísmo, y ese deseo no acercaba a la sabiduría, sino que alejaba cada vez más al pensador de ella. El equívoco de confundir saber por sabiduría, condujo a un extravío del filósofo. Este nuevo filósofo, necesitaba asegurarse de que su saber fuera cierto, aún no existía el método científico, por lo que debía encontrar algún principio que le permitiera -como ocurre en la geometría-, desarrollar un saber racional. En lugar de tomar la cosa como soporte de su investigación, tomó el proceso del pensar, la lógica, lógica que le debería haber permitido saber si iba por el buen camino en su búsqueda de la verdad, y en la construcción de su sistema.
De esta manera, el filósofo se alejaba cada vez más de la sabiduría, estaba completamente perdido en las ramificaciones de su pensamiento, y en las formas de ejercer algún control, método, para saber que no se había perdido. Se quería investigar en filosofía de la misma forma como se investiga en matemáticas, a través de un crecimiento de las partes. Poco a poco ese campo fue creciendo, se estudiaba la lógica, se desarrollaban muchas lógicas y en cada una de ellas se profundizaba más y más, se trataba de definir qué era materia, substancia, accidente, ente, etc.; cada vez se volvía más técnica, y más alejada de la realidad. La persona común y corriente al oír acerca de las cuestiones que estudia la filosofía, siente que ese saber es cómo cosa de otro universo, que no tiene nada que ver con la vida, que no le sirve para nada en el vivir diario, que constituye un saber que no sirve realmente para nada, salvo para los juegos dialécticos de los filósofos, juegos construidos para darse importancia en cuestiones que no la tienen. Los filósofos hasta llegan a decir que su saber tiene valor debido a que no tiene valor, parten de que el filosofar constituye una meditación sin valor práctico, no se dan cuenta que esto no es la base de la filosofía, sino que al llegar a percatarse de la inutilidad de su filosofar, no les queda otra cosa que afirmar lo que ocurre.
Cada filósofo debe comenzar su tarea por el comienzo, esto lo dijo Ortega y Gaset. Cierto. No se debe entrar a la filosofía y seguir lo que se está haciendo, porque eso conduce a perpetuar el estado de confusión.
Otro problema del filósofo es la de justificarse, saben que no son científicos, y que el saber científico se sustenta por sus resultados, pero el filósofo sufre de una crisis de identidad, pues alguien que defina su hacer como carente de utilidad, debe recurrir a alguna trampa dialéctica para justificarse. Una persona no puede presentarse en sociedad como doctor en cosas sin valor.
¿Cómo comienzo yo mi tarea? Desde el comienzo, no preocupándome por lo que otros estén haciendo en filosofía, ni siquiera por los trabajos actuales en materia de teoría del conocimiento, lógica, y todo el blablabla técnico. Yo veo la filosofía como más cercana a la sabiduría que al saber, y la sabiduría es la habilidad para vivir de la mejor manera posible, por lo que está más cercana a un arte.
Tengo la costumbre de emplear el juego de ajedrez para ilustrar mi pensamiento, al juego de ajedrez se le llama juego ciencia, pero también hay mucho arte, una combinación de ambas. El juego de ajedrez es como la vida, complejo, y nunca se puede saber todo para jugar, se conocen partes del juego, se conocen aperturas, formaciones de piezas, posiciones, finales, estrategias de juego, etc., pero la parte más cercana al arte, consiste en que es necesario unir esos saberes para jugar, integrarlos, y cada individuo integra esos saberes según un criterio interno que va desarrollando, una especie de sentido que le guía, ese sentido que le guía y que se afina con la experiencia, es lo que llamo sabiduría, y es lo que ocurre en la vida con la sabiduría, o el arte de vivir. Vamos desarrollando ese sentido que nos guía, a veces bien, otras no tanto, pero que continuamente se va afinando. Cada persona va desarrollando un conjunto de saberes del tipo que se llaman saberes populares, saberes que hoy se desacreditan por la ciencia, pero la ciencia crea otros saberes populares, tal vez más precisos y mejor sustentados, pero operan de la misma forma. Un viejo médico ha ido acumulando un conjunto de saberes que llama experiencia personal.
Para mi filosofar es operar como en el ajedrez, trabajar en ciertos problemas, problemas cuya elección -al igual que en el ajedrez-, parten de mis preferencias, tal vez de los obstáculos que haya ido encontrando en mi vida, pero eso es filosofar para mí. No me encuentro perdido en problemas de lógica, porque la realidad de las cosas, para mí no parte de la lógica de su expresión, parte del sentido que tengo de realidad, de la intuición. Si digo: la pared es verde. No debo demostrar que es así, no hay nada que explicar, de esas tonterías se encargan los que deben justificar cualquier barrabasada que dicen. La necesidad de autojustificar cualquier cosa, parte de una sensación interna de inseguridad y de no estar completamente convencidos de lo que dicen. Si todo se pusiera en cuestión y se debiera andar con explicaciones de método, y esas cosas, siempre se estaría comenzando las exposiciones sin nunca avanzar. No hay que temerle a las opiniones, pues por las opiniones nos movemos.
El motivo por el cual uno la actividad del pensar a la experiencia, al vivir, es que el sentido interno llamado sabiduría se va desarrollando durante el vivir, y si la actividad del pensamiento se divorcia del vivir, se corta completamente el cordón que nos une a la vida, y ya no estamos aprendiendo, afinando el sentido interno de nosotros mismos, sino que estamos trabajando en vacío, sólo por el desarrollo del ejercicio de la opinión correcta, pero que a las dos palabras, el menos sensible de los hombres, capta inmediatamente como palabra vacía. La palabra verdadera está alimentada por la vida, la emoción.