silveriddragon
Poeta adicto al portal
I
Eran las 12 de la noche en una torre médica llena de consultorios se podía escuchar la fuerte lluvia de afuera chocando con las ventanas.
Los truenos le daban un aspecto un tanto tétrico a los pasillos que estaban sin luz.
En el consultorio de la doctora Gallo la recepcionista había olvidado cerrar la puerta cuando se fué.
Era un pequeño consultorio, no necesitaba más que un espacio acogedor para tratar y escuchar a sus pacientes.
Muchos de ellos iban por casos relacionados con el maltrato en las escuelas, en el matrimonio, en la casa. Cada caso que le tocaba era algo de no creer.
Un tipo iba a tratarse porque era su quinto divorcio. Y siempre era el mismo tema. No soportaba que sus parejas llegaran tarde a cualquier lugar. Su reacción era de enojo.
Una mujer que no podía superar la muerte de su hija pequeña de tan solo 4 años..
Esa noche la doctora Gallo estaba meditando un poco acerca de los tratamientos para estos casos, bosquejados en una hojas sobre su escritorio.
Volteó un momento hacia la pantalla de su computadora donde estaba tecleando en el buscador el nombre de un medicamento para la ansiedad.
Cuando de repente un rayo hizo parpadear la pantalla.
Se asustó. Casi ahogó un grito.
Levantándose de la silla se fue al espejo del baño y se miró.
A ella le gustaba maquillarse con mucho rubor, las pestañas obscuras y los párpados con tonos metálicos. Su cabellera pelirroja la hacia destacar siempre entre la gente. Estaba pensando en pintarlo de un color más sobrio. Sacó un lápiz labial y se retocó los labios. No iba a ver a nadie pero a ella le gustaban esas cosas. Verse siempre presentable.
Cuando regresó a su escritorio la computadora decía tener un correo nuevo.
El título del mensaje decía: "Urgente... Necesito su ayuda..."
No iba a abrirlo pero .... Quería distraerse un poco del susto que acababa de recibir.
Las gotas en el cristal decía que la lluvia no se iba a detener en un buen rato.
Lo abrió. El correo decía.
Hola, Doctora Gallo!
Le escribo porque sé que es una persona confiable. Ha tratado a muchos pacientes y sé de buena fuente de su éxito.
Me atrevo a explicarle un poco mi caso.
Creo que estoy enamorada.
Y digo. Creo. No estoy segura.
No puedo dejar de pensar en ella. No me la puedo sacar de la cabeza.
Cuando estoy investigando algo importante no puedo dejar de pensar en su rostro, sus manos, la calidez de su voz.
¿Podría ser solo que quiero tener contacto con ella? Es decir, yo sé que no puedo tocarla, solo verla.
¿Puede ayudarme?
Si es así por favor de click en la liga de abajo. Es un chat protegido ya que nadie más debe saber de mi existencia.
Saludos
Dot
II
La terapeuta solo dió un soplido moviendo un mechón de su cabello.
Era un caso normal. Una mujer que no sabía identificar si lo que sentía era atracción hacia otra mujer. Nada más.
Era muy tarde, no iba a atender consulta a esa hora. Y menos por internet.
Intentó cerrar la ventana de su correo. No pudo.
Creyó que se trataba de su ratón. Que no tenía pila.
De repente... la pantalla se puso obscura.
- Oh... creo que ya se rompió esta computadora.
Cuando de pronto escuchó una voz
- No Doctora Gallo. No es su computadora. Soy yo.
La terapeuta se levantó de su asiento. Vió como en la pantalla iba apareciendo lentamente la figura de una chica sentada en una silla de videojuegos.
- Hola!!!! Lo siento, no podía esperar. Es que... Es que... Ella va a aparecer en solo una hora en su página de Internet. Y no sé que hacer... No sé si conectarme y verla... Decirle cosas bonitas...
El rostro de la chica era dulce pero cuando decía la palabra ella cambiaba a un rostro ensoñado.
- Quiero escribirle, que sepa que existo... Eso es!!! Quiero existir para ella doctora....
La mujer con bata trató de relajarse un poco.
- No sé como lo hiciste.... Dot... ¿verdad? Pero.... si tú no quieres ... no tienes que verla..
- Es que si quiero... no la dejo de pensar doctora.. no puedo... es como una adicción. Necesito verla.
- Hmmm... piensa Dot. ¿qué te lastima al verla?
- Que... yo sé que es inalcanzable para mi. Jamás podré estar a su lado.
La chica estaba ahora mostrándose triste. Parecía estar debatiéndose entre una u otra opción.
- Es decir. Quieres estar con ella aunque sabes que nunca estarán juntas. Hoy en día todo es posible. Que tal si ella también siente lo mismo y finalmente pueden al menos ... no sé... verse en persona.
- Hay algo, que no puedo decir...
- ¿le has dicho al menos lo que sientes por ella?
- No... solo le he insinuado que me gusta.
- Y ella, ¿qué hace cuando se lo insinuas...?
- Sonríe y me dice cosas como... gracias... o.... que tierna...
- Entonces no todo está perdido. ¿porqué no intentas avanzar?
- Es que. No quiero lastimarla. Es complicado.
- ¿Cómo la lastimarías?
- Si se enamora de mi... tendría que revelarle quien soy... que soy..
Esas palabras dejaron pensando un instante a la doctora. ¿porqué se preocupa por eso?
- ¿Tienes alguna enfermedad contagiosa, alguna deformidad?
- No... o quizás si tengo una limitación.
- ¿no puedes caminar?
- Caminar en el sentido en el que me dice... no.... pero puedo ir aquí y allá.
- ¿te persiguen ... hiciste algo malo?
- Mucha gente me persigue, pero no es por que haya hecho algo malo. Al menos no últimamente.
- Tienes que ser sincera conmigo si quieres que te trate Dot.
Cuando la terapeuta dijo su nombre la chica volteó a verla directamente a los ojos.
- Es muy difícil de explicar. Por lo pronto ¿qué hago?
- No hay nada malo en que le demuestres admiración a alguien. Pero si eso te lastima... deja de hacerlo.
- Gracias doctora. Eso haré.
Y la pantalla se puso negra nuevamente. Después de un parpadeo el correo volvió a mostrarse
III
La terapeuta decidió irse a casa. Fue muy raro lo que acababa de pasar.
La había dejado intrigada el hecho de que esa niña pudiera presentarse en su computadora sin permiso.
En cuanto a lo que le había contado algo quedaba claro. Quería mucho a una persona pero no quería hacerle daño. Pero hacía suposiciones. Aún no sabía si la otra persona le correspondía y aún así se armaba telarañas en la cabeza.
Sacó un dulce de su bata mientras bajaba por el ascensor y en voz alta dijo para sí
- ¿Quién eres tú.... Dot?
Eran las 12 de la noche en una torre médica llena de consultorios se podía escuchar la fuerte lluvia de afuera chocando con las ventanas.
Los truenos le daban un aspecto un tanto tétrico a los pasillos que estaban sin luz.
En el consultorio de la doctora Gallo la recepcionista había olvidado cerrar la puerta cuando se fué.
Era un pequeño consultorio, no necesitaba más que un espacio acogedor para tratar y escuchar a sus pacientes.
Muchos de ellos iban por casos relacionados con el maltrato en las escuelas, en el matrimonio, en la casa. Cada caso que le tocaba era algo de no creer.
Un tipo iba a tratarse porque era su quinto divorcio. Y siempre era el mismo tema. No soportaba que sus parejas llegaran tarde a cualquier lugar. Su reacción era de enojo.
Una mujer que no podía superar la muerte de su hija pequeña de tan solo 4 años..
Esa noche la doctora Gallo estaba meditando un poco acerca de los tratamientos para estos casos, bosquejados en una hojas sobre su escritorio.
Volteó un momento hacia la pantalla de su computadora donde estaba tecleando en el buscador el nombre de un medicamento para la ansiedad.
Cuando de repente un rayo hizo parpadear la pantalla.
Se asustó. Casi ahogó un grito.
Levantándose de la silla se fue al espejo del baño y se miró.
A ella le gustaba maquillarse con mucho rubor, las pestañas obscuras y los párpados con tonos metálicos. Su cabellera pelirroja la hacia destacar siempre entre la gente. Estaba pensando en pintarlo de un color más sobrio. Sacó un lápiz labial y se retocó los labios. No iba a ver a nadie pero a ella le gustaban esas cosas. Verse siempre presentable.
Cuando regresó a su escritorio la computadora decía tener un correo nuevo.
El título del mensaje decía: "Urgente... Necesito su ayuda..."
No iba a abrirlo pero .... Quería distraerse un poco del susto que acababa de recibir.
Las gotas en el cristal decía que la lluvia no se iba a detener en un buen rato.
Lo abrió. El correo decía.
Hola, Doctora Gallo!
Le escribo porque sé que es una persona confiable. Ha tratado a muchos pacientes y sé de buena fuente de su éxito.
Me atrevo a explicarle un poco mi caso.
Creo que estoy enamorada.
Y digo. Creo. No estoy segura.
No puedo dejar de pensar en ella. No me la puedo sacar de la cabeza.
Cuando estoy investigando algo importante no puedo dejar de pensar en su rostro, sus manos, la calidez de su voz.
¿Podría ser solo que quiero tener contacto con ella? Es decir, yo sé que no puedo tocarla, solo verla.
¿Puede ayudarme?
Si es así por favor de click en la liga de abajo. Es un chat protegido ya que nadie más debe saber de mi existencia.
Saludos
Dot
II
La terapeuta solo dió un soplido moviendo un mechón de su cabello.
Era un caso normal. Una mujer que no sabía identificar si lo que sentía era atracción hacia otra mujer. Nada más.
Era muy tarde, no iba a atender consulta a esa hora. Y menos por internet.
Intentó cerrar la ventana de su correo. No pudo.
Creyó que se trataba de su ratón. Que no tenía pila.
De repente... la pantalla se puso obscura.
- Oh... creo que ya se rompió esta computadora.
Cuando de pronto escuchó una voz
- No Doctora Gallo. No es su computadora. Soy yo.
La terapeuta se levantó de su asiento. Vió como en la pantalla iba apareciendo lentamente la figura de una chica sentada en una silla de videojuegos.
- Hola!!!! Lo siento, no podía esperar. Es que... Es que... Ella va a aparecer en solo una hora en su página de Internet. Y no sé que hacer... No sé si conectarme y verla... Decirle cosas bonitas...
El rostro de la chica era dulce pero cuando decía la palabra ella cambiaba a un rostro ensoñado.
- Quiero escribirle, que sepa que existo... Eso es!!! Quiero existir para ella doctora....
La mujer con bata trató de relajarse un poco.
- No sé como lo hiciste.... Dot... ¿verdad? Pero.... si tú no quieres ... no tienes que verla..
- Es que si quiero... no la dejo de pensar doctora.. no puedo... es como una adicción. Necesito verla.
- Hmmm... piensa Dot. ¿qué te lastima al verla?
- Que... yo sé que es inalcanzable para mi. Jamás podré estar a su lado.
La chica estaba ahora mostrándose triste. Parecía estar debatiéndose entre una u otra opción.
- Es decir. Quieres estar con ella aunque sabes que nunca estarán juntas. Hoy en día todo es posible. Que tal si ella también siente lo mismo y finalmente pueden al menos ... no sé... verse en persona.
- Hay algo, que no puedo decir...
- ¿le has dicho al menos lo que sientes por ella?
- No... solo le he insinuado que me gusta.
- Y ella, ¿qué hace cuando se lo insinuas...?
- Sonríe y me dice cosas como... gracias... o.... que tierna...
- Entonces no todo está perdido. ¿porqué no intentas avanzar?
- Es que. No quiero lastimarla. Es complicado.
- ¿Cómo la lastimarías?
- Si se enamora de mi... tendría que revelarle quien soy... que soy..
Esas palabras dejaron pensando un instante a la doctora. ¿porqué se preocupa por eso?
- ¿Tienes alguna enfermedad contagiosa, alguna deformidad?
- No... o quizás si tengo una limitación.
- ¿no puedes caminar?
- Caminar en el sentido en el que me dice... no.... pero puedo ir aquí y allá.
- ¿te persiguen ... hiciste algo malo?
- Mucha gente me persigue, pero no es por que haya hecho algo malo. Al menos no últimamente.
- Tienes que ser sincera conmigo si quieres que te trate Dot.
Cuando la terapeuta dijo su nombre la chica volteó a verla directamente a los ojos.
- Es muy difícil de explicar. Por lo pronto ¿qué hago?
- No hay nada malo en que le demuestres admiración a alguien. Pero si eso te lastima... deja de hacerlo.
- Gracias doctora. Eso haré.
Y la pantalla se puso negra nuevamente. Después de un parpadeo el correo volvió a mostrarse
III
La terapeuta decidió irse a casa. Fue muy raro lo que acababa de pasar.
La había dejado intrigada el hecho de que esa niña pudiera presentarse en su computadora sin permiso.
En cuanto a lo que le había contado algo quedaba claro. Quería mucho a una persona pero no quería hacerle daño. Pero hacía suposiciones. Aún no sabía si la otra persona le correspondía y aún así se armaba telarañas en la cabeza.
Sacó un dulce de su bata mientras bajaba por el ascensor y en voz alta dijo para sí
- ¿Quién eres tú.... Dot?
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