carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
(A mi hija Gabriela, cuando cumplió 12 años)
Mi niña ha leído de textos
que yo dejo inconclusos
—proyectos de poemas en archivo,
memorias de silencio en las gavetas—:
leyó que no existe el vacío.
¡Que de amor Todo se llena!
Que los huecos la Humanidad los fabrica,
así cual la miseria, la escasez o la Nada.
Que un agujero negro es densidad tan sólo,
o compresión infinita, sobreabundancia,
a la postre, la sustancia inmarcesible
cargada del mismo amor que todo llena...
Y al recordarlo, me pregunta
esta tarde que cotejo su informe de la escuela:
—¿Por qué estoy triste, papá?
¿Qué es el corazón, después de todo,
que estoy llena de pena?—
Y yo leía, con agrado, su progreso
en el álgebra, mi niña que es el Arte
con carita de rosa, con donaire de chava.
Bravo —sacaste otros 4 puntos en civismo
y otras tantas Aes, le digo. Y ella baila
y expresa la energía en el soccer
con cuerpecito de sílfide que sueña,
con voz a la que sobra el alma
y la nobleza arisca y mansa,
creadora y suspicaz de su ternura.
¿Qué es el corazón —después de todo?
Ella.
2.
¡Me bastaría decirle que serían sus ojos:
amplios como el infinito inmensurable,
cielos, profundos como el más allá de las galaxias,
misteriosamente llenos de candor y anhelos
como todo lo que vibra y emite luz
con saltos orbitales! Un estallido de cuanta.
Me habría gustado detener ahí todo discurso:
invocar el imperio de sus ojos, simplemente...
y callar y rozar sus pestañas con mis dedos
y robarme un poco de luz de sus fotones;
pero ella fabricó tantas palabras
y repetía corazón, corazón, como un poeta,
curiosa de inefables pálpitos o enamorada
de una melancolía incierta y galopante.
¿Cómo decir a mi niña —calla—
cuando caza a la pequeña bestezuela tan adentro,
tan profunda en la metáfora del cosmos
que tiene que latir con las palabras
y recibir las mías, en dote de saetas?
3.
El corazón —le dije sin quererlo—
es una neutra inmensidad llena de ojos,
una danza infinita de las tuyas
—tuya porque bailas, porque tienes la piel
llena de órbitas y saltos y ritmo sediento
de moléculas y te sobrecarga el calor,
la luz, la química del alba
y el corazón seguro es que ha de ser tu mundo
que gira en envolturas con un diámetro
diez mil veces mayor al de la noche primaria.
Hay una noche protónica y pequeña
que busca un empatema, su pasión dominante,
y rompe núcleos, Gabi, y salta con partículas
y dice —adiós, que esquilan cuando tú dices —hóla.
Me habría gustado decir
que el electrón no sale normalmente
de los átomos y, con ésto decir,
¡qué bello se llenan tus ojos del azul bajo tus párpados!
... pero su mirada estaba electrófilamente saturada
con dos potencias de tinieblas, lágrimas,
dos enlaces que nacieron por el fuego,
el aire y la sal de las aguas...
y yo medí la resistencia en ohmios...
4.
¿Qué definará el potencial de esos campos
sino el desequilibrio de dos partículas básicas?
La materia es este campo abierto de las cuencas,
protones que se enfrentan a electrones,
que se persiguen para unirse,
que se huyen para repelerse...
Y fue así que nombré al escaramujo
en la tierra de Ceres, nuestra tierra, pequeña,
y al intruso que a los ojos da desvelo y trabajo
y al elefante blanco, que inútil es y para nada sirve,
aunque cuesta, afana en rigor, sorprende...
5.
Y añadí, hijita amada:
Abre tus días y mañanas con voluntad
de espines giratorios, Gabriela.
El corazón es preservar el equilibrio y la gracia.
No le huyas al empellón, suma vectores,
funda ejes, trasládate y rota, ¡danza!
Dichosa seas, si conservas el secreto
de esta fórmula: las cargas de signo diferente,
positiva o negativa, simetrizan,
se atraen, se aman.
Y esta fuerza compensada te dará el equilibrio.
La magnitud química, tu fiel hermosura,
no se pierde, crece, se alimenta, dinamiza:
¡por algo son tus ojos —electrones
y es diez mil veces más pequeño
lo que está perdido, en entresijos de penas.
Sin tus haldeares, sin tus capas inclusivas,
nada hay; en tu pena todo abunda
y hay espacio para todo lo que venga
positivamente cargado de protones.
6.
Como dos y dos son cuatro,
tu corazón es magnitud y dirección de soles,
la suma vectorial de Todo lo que rota
y se equilibra para darte
electrogénesis
en la mirada y en lo vivo,
aunque se mueva dentro
de lo más oscuro de las cosas.
http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/
Mi niña ha leído de textos
que yo dejo inconclusos
—proyectos de poemas en archivo,
memorias de silencio en las gavetas—:
leyó que no existe el vacío.
¡Que de amor Todo se llena!
Que los huecos la Humanidad los fabrica,
así cual la miseria, la escasez o la Nada.
Que un agujero negro es densidad tan sólo,
o compresión infinita, sobreabundancia,
a la postre, la sustancia inmarcesible
cargada del mismo amor que todo llena...
Y al recordarlo, me pregunta
esta tarde que cotejo su informe de la escuela:
—¿Por qué estoy triste, papá?
¿Qué es el corazón, después de todo,
que estoy llena de pena?—
Y yo leía, con agrado, su progreso
en el álgebra, mi niña que es el Arte
con carita de rosa, con donaire de chava.
Bravo —sacaste otros 4 puntos en civismo
y otras tantas Aes, le digo. Y ella baila
y expresa la energía en el soccer
con cuerpecito de sílfide que sueña,
con voz a la que sobra el alma
y la nobleza arisca y mansa,
creadora y suspicaz de su ternura.
¿Qué es el corazón —después de todo?
Ella.
2.
¡Me bastaría decirle que serían sus ojos:
amplios como el infinito inmensurable,
cielos, profundos como el más allá de las galaxias,
misteriosamente llenos de candor y anhelos
como todo lo que vibra y emite luz
con saltos orbitales! Un estallido de cuanta.
Me habría gustado detener ahí todo discurso:
invocar el imperio de sus ojos, simplemente...
y callar y rozar sus pestañas con mis dedos
y robarme un poco de luz de sus fotones;
pero ella fabricó tantas palabras
y repetía corazón, corazón, como un poeta,
curiosa de inefables pálpitos o enamorada
de una melancolía incierta y galopante.
¿Cómo decir a mi niña —calla—
cuando caza a la pequeña bestezuela tan adentro,
tan profunda en la metáfora del cosmos
que tiene que latir con las palabras
y recibir las mías, en dote de saetas?
3.
El corazón —le dije sin quererlo—
es una neutra inmensidad llena de ojos,
una danza infinita de las tuyas
—tuya porque bailas, porque tienes la piel
llena de órbitas y saltos y ritmo sediento
de moléculas y te sobrecarga el calor,
la luz, la química del alba
y el corazón seguro es que ha de ser tu mundo
que gira en envolturas con un diámetro
diez mil veces mayor al de la noche primaria.
Hay una noche protónica y pequeña
que busca un empatema, su pasión dominante,
y rompe núcleos, Gabi, y salta con partículas
y dice —adiós, que esquilan cuando tú dices —hóla.
Me habría gustado decir
que el electrón no sale normalmente
de los átomos y, con ésto decir,
¡qué bello se llenan tus ojos del azul bajo tus párpados!
... pero su mirada estaba electrófilamente saturada
con dos potencias de tinieblas, lágrimas,
dos enlaces que nacieron por el fuego,
el aire y la sal de las aguas...
y yo medí la resistencia en ohmios...
4.
¿Qué definará el potencial de esos campos
sino el desequilibrio de dos partículas básicas?
La materia es este campo abierto de las cuencas,
protones que se enfrentan a electrones,
que se persiguen para unirse,
que se huyen para repelerse...
Y fue así que nombré al escaramujo
en la tierra de Ceres, nuestra tierra, pequeña,
y al intruso que a los ojos da desvelo y trabajo
y al elefante blanco, que inútil es y para nada sirve,
aunque cuesta, afana en rigor, sorprende...
5.
Y añadí, hijita amada:
Abre tus días y mañanas con voluntad
de espines giratorios, Gabriela.
El corazón es preservar el equilibrio y la gracia.
No le huyas al empellón, suma vectores,
funda ejes, trasládate y rota, ¡danza!
Dichosa seas, si conservas el secreto
de esta fórmula: las cargas de signo diferente,
positiva o negativa, simetrizan,
se atraen, se aman.
Y esta fuerza compensada te dará el equilibrio.
La magnitud química, tu fiel hermosura,
no se pierde, crece, se alimenta, dinamiza:
¡por algo son tus ojos —electrones
y es diez mil veces más pequeño
lo que está perdido, en entresijos de penas.
Sin tus haldeares, sin tus capas inclusivas,
nada hay; en tu pena todo abunda
y hay espacio para todo lo que venga
positivamente cargado de protones.
6.
Como dos y dos son cuatro,
tu corazón es magnitud y dirección de soles,
la suma vectorial de Todo lo que rota
y se equilibra para darte
electrogénesis
en la mirada y en lo vivo,
aunque se mueva dentro
de lo más oscuro de las cosas.
http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/