La mente es ese espacio virtual donde nos representamos con diferente grado de abstracción, todas las cosas, el pasado por sobre todo, el futuro, donde ensayamos qué comportamiento es el que mejor nos conviene para lograr nuestros propósitos. La inteligencia constituye la facultad para representarnos las cosas. El ajedrecista más inteligente es el que mejor puede representarse el juego y quien mayor número de opciones pueda imaginar. Sí, mente, inteligencia, imaginación, memoria, distintos nombres para casi lo mismo. La imaginación es, tal vez, la mayor de nuestras facultades, la que nos permite tomar distancia del aquí y ahora, para posicionarnos en un horizonte temporal. La imaginación nos permite ensayar en el espacio mental las cosas que luego se podrán realizar. (Bueno, la imaginación también puede volverse en contra, un hecho traumático puede reproducirse continuamente en la mente con todo su potencial dañino.)
Los animales viven fundamentalmente en el presente, el hombre con mayor cultura va tomando distancia del aquí y ahora, ve lejos hacia atrás y hacia adelante, no sólo toma una perspectiva histórica con respecto a sí mismo, a su historia personal, sino que puede tomar una perspectiva universal. La mente es distancia, es infinito, es cultura, porque la cultura viene a ser como la mente de un pueblo, de la humanidad toda. Así como el hombre tiene una mente poblada con su vida, los hombres tienen una mente colectiva que puede llamarse cultura, poblada con todo lo que se ha hecho -y persista de alguna manera-. La mente, ese espacio virtual que separó al hombre de la prisión del momento, lo llevó a la luna, a crear vacunas, a curar enfermedades, a construir puentes, catedrales, enormes ciudades, etc.
Qué mejor cosa puede hacerse con los niños que alimentar su imaginación para que luego, cuando grandes, puedan crear, inventar, ser más ricos como personas. Porque, cuando decimos que una persona es interesante, decimos que tiene muchas notas personales, una gran riqueza de experiencias, de ideas, de formas de ver las cosas. Están aquellos que ven por los ojos de todas las personas, y están aquellos que ven con ojos propios, y sólo tiene ojos propios quien tiene una gran imaginación para multiplicar los puntos de vista, para generar múltiples ideas con qué captar las cosas.
Las masas ven con los mismos ojos todo, no se distinguen como personas, están presas del instante, de la emoción de grupo. No hay gran diferencia entre la masa y la manada. Pero a medida que las personas se van diferenciando, que se van creando -y crearse es inventarse, y sólo puede inventarse quien posea una gran imaginación para hacerlo-, van apareciendo puntos de vista originales, obras que van a pasar a incrementar el acervo cultural de los pueblos, porque los protagonistas no son los sin nombre de la multitud, los protagonsitas son aquellos que se han ganado un nombre, y esos que se han ganado un nombre pasaran a darle su nombre a una plaza y a una calle, formas materiales de sostener la memoria colectiva.
Qué es un genio sino una pulsión infinita y demoníaca que logra desarrollar una imaginación con el vigor suficiente como para crear y crearse. Los grandes conquistadores estaban formados por una pulsión incontenible y la imaginación suficiente para construir sus imperios. Porque VER más que otros es imaginar.
Los animales viven fundamentalmente en el presente, el hombre con mayor cultura va tomando distancia del aquí y ahora, ve lejos hacia atrás y hacia adelante, no sólo toma una perspectiva histórica con respecto a sí mismo, a su historia personal, sino que puede tomar una perspectiva universal. La mente es distancia, es infinito, es cultura, porque la cultura viene a ser como la mente de un pueblo, de la humanidad toda. Así como el hombre tiene una mente poblada con su vida, los hombres tienen una mente colectiva que puede llamarse cultura, poblada con todo lo que se ha hecho -y persista de alguna manera-. La mente, ese espacio virtual que separó al hombre de la prisión del momento, lo llevó a la luna, a crear vacunas, a curar enfermedades, a construir puentes, catedrales, enormes ciudades, etc.
Qué mejor cosa puede hacerse con los niños que alimentar su imaginación para que luego, cuando grandes, puedan crear, inventar, ser más ricos como personas. Porque, cuando decimos que una persona es interesante, decimos que tiene muchas notas personales, una gran riqueza de experiencias, de ideas, de formas de ver las cosas. Están aquellos que ven por los ojos de todas las personas, y están aquellos que ven con ojos propios, y sólo tiene ojos propios quien tiene una gran imaginación para multiplicar los puntos de vista, para generar múltiples ideas con qué captar las cosas.
Las masas ven con los mismos ojos todo, no se distinguen como personas, están presas del instante, de la emoción de grupo. No hay gran diferencia entre la masa y la manada. Pero a medida que las personas se van diferenciando, que se van creando -y crearse es inventarse, y sólo puede inventarse quien posea una gran imaginación para hacerlo-, van apareciendo puntos de vista originales, obras que van a pasar a incrementar el acervo cultural de los pueblos, porque los protagonistas no son los sin nombre de la multitud, los protagonsitas son aquellos que se han ganado un nombre, y esos que se han ganado un nombre pasaran a darle su nombre a una plaza y a una calle, formas materiales de sostener la memoria colectiva.
Qué es un genio sino una pulsión infinita y demoníaca que logra desarrollar una imaginación con el vigor suficiente como para crear y crearse. Los grandes conquistadores estaban formados por una pulsión incontenible y la imaginación suficiente para construir sus imperios. Porque VER más que otros es imaginar.