Lekiam
Poeta recién llegado
Nace desde los rincones apagados, casi oscuros, de la cabeza, del corazón y del alma,
nace de las tripas, nace justo cuando todo arde por dentro, sin luz, ni calor,
sin nada que deje entrever que por dentro habita un incendio de colores,
y a la vez por fuera sobre la piel baila un aguacero.
Nace por debajo de lo tenue, y al brotar desquebraja la fina cáscara
que jamás hemos necesitado,
nace del otoño y de las hojas del parque que guardo entre mis libros.
La he visto nacer del amor, del llanto, del rocanrol.
Ella es la única que ha nacido de la muerte, de la muerte gitana de Lorca,
de la muerte solitaria de Miguel Hernández.
Ella nació entre el ruido de la guerra, entre la sangre y el lodo,
entre la bala que vuela y atraviesa la piel que mata, ella nació.
Nace entre y desde tantos lugares y va a morir al olvido, como todos,
porque estos versos y nosotros,
un día que no haya días seremos ese olvido,
nos fundiremos amargamente con ella
nos fundiremos amargamente con ella
y nada más sucederá nunca jamás.
Pero en el ahora, en el durante nos agita, nos despierta,
nos grita estáis vivos corred y andad
nos grita estáis vivos corred y andad
Yo no sabría decir mucho de ella en sí,
aunque sí os podría confesar que es para mí.
aunque sí os podría confesar que es para mí.
Es motor y combustible, es la combustión entre lo que
nos imaginamos y sucede,
nos imaginamos y sucede,
para mi ella es el abismo de Zaratustra,
es la ternura de aquel escarabajo
que de hambre murió en aquellas páginas de Kafka,
es la piedra pesada del feliz Sísifo,
es la ternura de aquel escarabajo
que de hambre murió en aquellas páginas de Kafka,
es la piedra pesada del feliz Sísifo,
ella es bonita y triste, ella hace que me pregunte
¿qué cara pondrá ella al dormir?
¿qué cara pondrá ella al dormir?
En pocas palabras ella es poesía, ella es el faro
en la tormenta y nosotros náufragos en busca de algo de luz
en la tormenta y nosotros náufragos en busca de algo de luz