Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Qué lástima me dan los cuerdos,
esos pobres diablos que no saben de pasión
y que recorren laberintos muertos
sin celebrar con nadie en el colchón.
Qué lástima me dan los cuerdos,
los que andan enamorados todo el tiempo
y piensan que la vida es un minuto de silencio
y nunca han visto tu cuerpo en el comedor..
Vine yo por un tironcito de rumores
que hablaban de lo obsceno de tus besos
y resultó que resaltaban tus sabores
en la paleta dulce de los sueños.
Qué lástima me dan los que tienen
un crush a hurtadillas de la noche,
que se profesan un amor que ya no sienten
y a escondidas se hablan lujurias no sé donde.
Qué suerte que soy yo de esos locos
que alucinan con las luces de un farol,
abriendo a más no poder los ojos
cuando apareces desnuda en mi buzón.
Qué lástima me dan los cuerdos,
los hombres "santos", las mujeres "puras",
que no han dibujado en un ocaso
un amanecer con la piel de tu cintura.
Qué suerte que soy yo de aquellos locos
que besan con los párpados cerrados,
que desabrochan tus blusas a su antojo
Y que al besarte, mandan a la guerra al soldado.
esos pobres diablos que no saben de pasión
y que recorren laberintos muertos
sin celebrar con nadie en el colchón.
Qué lástima me dan los cuerdos,
los que andan enamorados todo el tiempo
y piensan que la vida es un minuto de silencio
y nunca han visto tu cuerpo en el comedor..
Vine yo por un tironcito de rumores
que hablaban de lo obsceno de tus besos
y resultó que resaltaban tus sabores
en la paleta dulce de los sueños.
Qué lástima me dan los que tienen
un crush a hurtadillas de la noche,
que se profesan un amor que ya no sienten
y a escondidas se hablan lujurias no sé donde.
Qué suerte que soy yo de esos locos
que alucinan con las luces de un farol,
abriendo a más no poder los ojos
cuando apareces desnuda en mi buzón.
Qué lástima me dan los cuerdos,
los hombres "santos", las mujeres "puras",
que no han dibujado en un ocaso
un amanecer con la piel de tu cintura.
Qué suerte que soy yo de aquellos locos
que besan con los párpados cerrados,
que desabrochan tus blusas a su antojo
Y que al besarte, mandan a la guerra al soldado.