Y lo esperé tranquilo,
adornando al corazón
con alfombras de arcoíris,
tendidas a su paso.
Pinté de Sol y de Luna
las paredes rojas
para pasar inadvertidas
las hendiduras del pasado,
e iluminé su alcoba
con los luceros del alba.
!Yo sabía que venía!
!Y me senté a esperarlo!
Soñé que mis cadenas
de mieles diluídas
en el té de las tardes,
o mis caricias de fuego
en el fragor incomprensible;
que enajena la conciencia;
de cada madrugada,
lo persuadían a vivir
desafiando tiempos y distancias.
!Yo soñé dormido,
y soñé despierto,
que era mío y lo esperaba!
!Y el amor por fin llegó!
Sin pompa ni promesas,
desgarrando el viento
con un aullido feroz;
tan astuto e indolente,
tan torbellino loco,
que trocó las coordenadas
del alma en mi universo,
suspendida en un vacío
ingrávido de confusión.
!Nunca supe cuándo vino
ni cuándo se fue el amor!
adornando al corazón
con alfombras de arcoíris,
tendidas a su paso.
Pinté de Sol y de Luna
las paredes rojas
para pasar inadvertidas
las hendiduras del pasado,
e iluminé su alcoba
con los luceros del alba.
!Yo sabía que venía!
!Y me senté a esperarlo!
Soñé que mis cadenas
de mieles diluídas
en el té de las tardes,
o mis caricias de fuego
en el fragor incomprensible;
que enajena la conciencia;
de cada madrugada,
lo persuadían a vivir
desafiando tiempos y distancias.
!Yo soñé dormido,
y soñé despierto,
que era mío y lo esperaba!
!Y el amor por fin llegó!
Sin pompa ni promesas,
desgarrando el viento
con un aullido feroz;
tan astuto e indolente,
tan torbellino loco,
que trocó las coordenadas
del alma en mi universo,
suspendida en un vacío
ingrávido de confusión.
!Nunca supe cuándo vino
ni cuándo se fue el amor!