Que me haya ido no significa que te dejé de amar

victorialozano

Poeta recién llegado
Que me haya ido
no significa
que mi amor se haya marchado conmigo.

Hay personas
que se van
porque dejaron de sentir.

Y hay otras
que se marchan
con el corazón todavía ardiendo,
porque descubrieron
que amar también puede romper
a quien más ama.

Yo no me alejé
porque encontrara otro camino.

Me alejé
porque seguir a tu lado
estaba empezando a costarme
la paz,
la esperanza
y los pedazos de alma
que todavía me quedaban.

Créeme...

No existe despedida más cruel
que la de quien aún sigue amando.

Porque el que ya no siente
simplemente cierra la puerta.

Pero quien todavía ama
la deja entreabierta
durante años,
esperando en silencio
un milagro
que quizá nunca llegue.

Creí que amar
era quedarme sin importar cuánto doliera.

Hasta que comprendí
que un amor verdadero
no se alimenta
del sufrimiento constante.

Entonces me fui.

Pero solo se marchó mi cuerpo.

Mi corazón
olvidó seguir mis pasos.

Se quedó viviendo
en los lugares donde fuimos felices,
en las palabras que todavía pronuncio en silencio,
en los abrazos
que el tiempo jamás podrá borrar.

No confundas mi ausencia
con olvido.

Porque existen personas
que uno deja de ver...

pero nunca deja de llevar consigo.

Todavía le hablo a Dios de ti.

No para pedir
que regreses a mis brazos.

Sino para que nunca te falte
la paz
que tantas veces buscaste sin encontrar.

Porque el amor,
cuando es verdadero,
deja de pensar en sí mismo
y comienza a pedir
que el otro esté bien,
aunque sea lejos.

Si algún día
la vida te rompe el alma,
espero que recuerdes
que hubo alguien
que creyó en ti
cuando ni siquiera tú sabías quién eras.

Hubo alguien
que vio luz
cuando todos señalaban oscuridad.

Hubo alguien
que eligió quedarse
cuando era más fácil marcharse...

y que cuando finalmente se fue,
lo hizo llorando por dentro.

Porque irse
nunca fue dejar de amarte.

Fue aprender
que incluso el amor más inmenso
necesita respirar.

Dicen
que el tiempo lo cura todo.

Yo no lo creo.

El tiempo
no borra los amores verdaderos.

Solo les enseña
a doler de otra manera.

Con menos lágrimas.

Con más silencio.

Con una nostalgia
que aprende a caminar
sin hacer ruido.

Tal vez un día
nuestros caminos
no vuelvan a cruzarse jamás.

Tal vez la vida
escriba otros nombres,
otros lugares,
otras historias.

Pero hay personas
que no desaparecen
aunque el destino las aleje.

Porque dejan algo de sí
viviendo para siempre
dentro del alma de quien las amó.

Y tú...

Seas quien seas
dentro de los años que vendrán.

Estés donde estés.

Ames a quien ames.

Siempre ocuparás
un lugar que nadie podrá reemplazar.

No porque nadie sea suficiente.

Sino porque nadie podrá vivir
la historia exacta
que vivimos nosotros.

Hay amores
que no vuelven.

Pero tampoco se van.

Se transforman
en la forma en que miramos el mundo,
en la manera en que aprendemos a perdonar,
en las oraciones que pronunciamos sin nombre,
en las lágrimas
que nadie ve caer.

Si alguna vez
escuchas mi nombre
después de muchos años,
no quiero que recuerdes
cómo terminó nuestra historia.

Quiero que recuerdes
cómo nos cambió.

Porque existen personas
que pasan por nuestra vida.

Y existen otras
que, sin importar el tiempo,
la distancia
o el destino,
se convierten
en una parte eterna
de lo que somos.

Tú fuiste eso para mí.

No un capítulo.

No un recuerdo cualquiera.

Sino una huella
que el tiempo jamás aprendió a borrar.

Por eso...

Que me haya ido
no significa que dejé de amarte.

Significa
que hubo un momento
en el que tuve que elegir
entre perderte a ti
o perderme a mí.

Y aunque elegí seguir caminando...

una parte de mi corazón
se quedó esperándote
en el lugar
donde alguna vez
creímos
que el amor
podía vencerlo todo.

Porque hay personas
que el tiempo convierte en pasado.

Y hay otras
que el alma convierte
en eternidad.
 
Que me haya ido
no significa
que mi amor se haya marchado conmigo.

Hay personas
que se van
porque dejaron de sentir.

Y hay otras
que se marchan
con el corazón todavía ardiendo,
porque descubrieron
que amar también puede romper
a quien más ama.

Yo no me alejé
porque encontrara otro camino.

Me alejé
porque seguir a tu lado
estaba empezando a costarme
la paz,
la esperanza
y los pedazos de alma
que todavía me quedaban.

Créeme...

No existe despedida más cruel
que la de quien aún sigue amando.

Porque el que ya no siente
simplemente cierra la puerta.

Pero quien todavía ama
la deja entreabierta
durante años,
esperando en silencio
un milagro
que quizá nunca llegue.

Creí que amar
era quedarme sin importar cuánto doliera.

Hasta que comprendí
que un amor verdadero
no se alimenta
del sufrimiento constante.

Entonces me fui.

Pero solo se marchó mi cuerpo.

Mi corazón
olvidó seguir mis pasos.

Se quedó viviendo
en los lugares donde fuimos felices,
en las palabras que todavía pronuncio en silencio,
en los abrazos
que el tiempo jamás podrá borrar.

No confundas mi ausencia
con olvido.

Porque existen personas
que uno deja de ver...

pero nunca deja de llevar consigo.

Todavía le hablo a Dios de ti.

No para pedir
que regreses a mis brazos.

Sino para que nunca te falte
la paz
que tantas veces buscaste sin encontrar.

Porque el amor,
cuando es verdadero,
deja de pensar en sí mismo
y comienza a pedir
que el otro esté bien,
aunque sea lejos.

Si algún día
la vida te rompe el alma,
espero que recuerdes
que hubo alguien
que creyó en ti
cuando ni siquiera tú sabías quién eras.

Hubo alguien
que vio luz
cuando todos señalaban oscuridad.

Hubo alguien
que eligió quedarse
cuando era más fácil marcharse...

y que cuando finalmente se fue,
lo hizo llorando por dentro.

Porque irse
nunca fue dejar de amarte.

Fue aprender
que incluso el amor más inmenso
necesita respirar.

Dicen
que el tiempo lo cura todo.

Yo no lo creo.

El tiempo
no borra los amores verdaderos.

Solo les enseña
a doler de otra manera.

Con menos lágrimas.

Con más silencio.

Con una nostalgia
que aprende a caminar
sin hacer ruido.

Tal vez un día
nuestros caminos
no vuelvan a cruzarse jamás.

Tal vez la vida
escriba otros nombres,
otros lugares,
otras historias.

Pero hay personas
que no desaparecen
aunque el destino las aleje.

Porque dejan algo de sí
viviendo para siempre
dentro del alma de quien las amó.

Y tú...

Seas quien seas
dentro de los años que vendrán.

Estés donde estés.

Ames a quien ames.

Siempre ocuparás
un lugar que nadie podrá reemplazar.

No porque nadie sea suficiente.

Sino porque nadie podrá vivir
la historia exacta
que vivimos nosotros.

Hay amores
que no vuelven.

Pero tampoco se van.

Se transforman
en la forma en que miramos el mundo,
en la manera en que aprendemos a perdonar,
en las oraciones que pronunciamos sin nombre,
en las lágrimas
que nadie ve caer.

Si alguna vez
escuchas mi nombre
después de muchos años,
no quiero que recuerdes
cómo terminó nuestra historia.

Quiero que recuerdes
cómo nos cambió.

Porque existen personas
que pasan por nuestra vida.

Y existen otras
que, sin importar el tiempo,
la distancia
o el destino,
se convierten
en una parte eterna
de lo que somos.

Tú fuiste eso para mí.

No un capítulo.

No un recuerdo cualquiera.

Sino una huella
que el tiempo jamás aprendió a borrar.

Por eso...

Que me haya ido
no significa que dejé de amarte.

Significa
que hubo un momento
en el que tuve que elegir
entre perderte a ti
o perderme a mí.

Y aunque elegí seguir caminando...

una parte de mi corazón
se quedó esperándote
en el lugar
donde alguna vez
creímos
que el amor
podía vencerlo todo.

Porque hay personas
que el tiempo convierte en pasado.

Y hay otras
que el alma convierte
en eternidad.
Una despedida motivada por la necesidad de preservar la integridad personal frente a un amor que, aunque persistente y profundo, resultaba destructivo para la paz interior.

Saludos
 
Me gustó mucho, reflexiona sobre el significado del amor más allá del tiempo, más allá de estar junto a alguien, es dulce cómo lo hace, cómo reflexiona y saca conclusiones que sustituyen la partida por algo bonito, transformación
 

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