Daniel Martínez Bauzá
Poeta recién llegado
Ya vinieron ataviados,
asistieron a mi lado.
Se cosieron entre ellos,
se tiraron de los pelos.
Y volví ya sin aliento
galopando contra el viento
entre gritos y silencios,
entre listos y entre necios.
Y más solo que la una
me comí toda aceituna
que quedó en el roto plato,
me llené como un jabato.
Me canté a mí el cumpleaños,
me comí aquellos engaños
trozo a trozo y sin abuelas
me aplaudí al soplar las velas.
Una pila de regalos,
un caballo y cinco palos,
tentempiés que van descalzos
y una sombra entre mis brazos.
Otro año de torero,
de esquivar al mundo entero,
de cogidas y caídas,
de cornadas y de heridas.
¿Qué me dices calendario?
Deja fuera ese mal fario.
Una cifra es un soplido,
un pie al tiesto más metido.
Si muriera entre la tierra
gritaría como una perra:
¡Que me sacen y me quemen
que mis letras nunca mueren!
asistieron a mi lado.
Se cosieron entre ellos,
se tiraron de los pelos.
Y volví ya sin aliento
galopando contra el viento
entre gritos y silencios,
entre listos y entre necios.
Y más solo que la una
me comí toda aceituna
que quedó en el roto plato,
me llené como un jabato.
Me canté a mí el cumpleaños,
me comí aquellos engaños
trozo a trozo y sin abuelas
me aplaudí al soplar las velas.
Una pila de regalos,
un caballo y cinco palos,
tentempiés que van descalzos
y una sombra entre mis brazos.
Otro año de torero,
de esquivar al mundo entero,
de cogidas y caídas,
de cornadas y de heridas.
¿Qué me dices calendario?
Deja fuera ese mal fario.
Una cifra es un soplido,
un pie al tiesto más metido.
Si muriera entre la tierra
gritaría como una perra:
¡Que me sacen y me quemen
que mis letras nunca mueren!