Jorge Yanes
Poeta fiel al portal
Porque siempre he recordado tus ojos. Justo como mi memoria pudo hacerlo, cómo esa luz cálida en los días de invierno.(...)
Porque entonces solo somos eso, puntos suspensivos en un espacio indeterminado, justo donde el sol nos recorta las tristezas que se nos unen, entre los laberintos de la sangre y el olor vago y añejo de los crucigramas, justo aquí, entre mi tinta roja y anacrónica, con el cielo desmigajado y las palabras suturadas, apenas juntas por primera vez.
Tengo tu foto desteñida, sepia, colgante, como grabada en mis huesos, inolvidable. Dedicamos la vida al circo, la perdición, a bailar la taranta y digerir el alcohol, fuimos paganos por tercera vez, entre los labios desquebrajados y pálidos de los astros muertos, nos miramos las caras, sentimos el olvido, que nos carcome las pieles en el mecanismo infalible del azar y el destino.
Fuimos, como relojes de cuerda entregados a la soledad, entre las malvas floridas de nuestra sangre, sin nación, ni carteles pegados en la frente, y los corazones vacíos, apenas repletos de suspiros, siempre ajenos, en la desolación vertical de tus horizontes, fornicando en secreto con los cuatro vientos, reminiscentes de los placeres perdidos y asimétricos, perplejos bajo los soles de los primeros inviernos, con el capricornio tallado en los dedos...
El tarot me lo dijo, lo hizo ayer, lo hizo antier, hace años, lo supe siempre, todo, supe entonces que jamás lo haría, nunca en esta vida, de nostalgias contadas y soldados de juguete, no en esta vida, nunca te olvidaría.
Porque entonces solo somos eso, puntos suspensivos en un espacio indeterminado, justo donde el sol nos recorta las tristezas que se nos unen, entre los laberintos de la sangre y el olor vago y añejo de los crucigramas, justo aquí, entre mi tinta roja y anacrónica, con el cielo desmigajado y las palabras suturadas, apenas juntas por primera vez.
Tengo tu foto desteñida, sepia, colgante, como grabada en mis huesos, inolvidable. Dedicamos la vida al circo, la perdición, a bailar la taranta y digerir el alcohol, fuimos paganos por tercera vez, entre los labios desquebrajados y pálidos de los astros muertos, nos miramos las caras, sentimos el olvido, que nos carcome las pieles en el mecanismo infalible del azar y el destino.
Fuimos, como relojes de cuerda entregados a la soledad, entre las malvas floridas de nuestra sangre, sin nación, ni carteles pegados en la frente, y los corazones vacíos, apenas repletos de suspiros, siempre ajenos, en la desolación vertical de tus horizontes, fornicando en secreto con los cuatro vientos, reminiscentes de los placeres perdidos y asimétricos, perplejos bajo los soles de los primeros inviernos, con el capricornio tallado en los dedos...
El tarot me lo dijo, lo hizo ayer, lo hizo antier, hace años, lo supe siempre, todo, supe entonces que jamás lo haría, nunca en esta vida, de nostalgias contadas y soldados de juguete, no en esta vida, nunca te olvidaría.
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