Qué puedes ser tú, mujer
Que pueden tener tus cabellos
raidos de luz, fértilmente claros,
como mazorcas de oro, que entrelazan
sus misterios, guardados en mis ojos.
Qué puede tener tu voz
que canturrea al unísono
en un ramal de amores
todos en metralla sobre mí.
Y le marcan a mi cuerpo
en carnaval de dagas
blandidas, en pequeñas manos
de un montón de retoños mansos.
Qué puedes ser tú, mujer
que no he leído tu existencia
ni en los libros azules,
tercos por amor al paso.
Que me tienen a merced
por tantos arrumacos
suaves, compulsivos
que me encierran tiernamente.
Y no me dejas, así te lo pidiera
la guardiana real de las farolas
que iluminan tus sentidos
en un barullo resondrón.
En una fila interminable
suelo empezar mis sueños
por saber demás
que será a mí al que le hagas
pasar primero.
Mujer de labios gruesos
que exponen el vaho
de tu cuerpo
aromando el gusto placentero,
cierras esa puerta.
Y yo en mis ruegos al silencio
le coloco trabas al madero
como un niño pálido
que no quiere compartir sus pechos.
Qué puedes ser tú, mujer
un tamiz de amor
un rayo de locura
un armazón de consuelos,
o una mujer que ve en mi cuerpo
un negocio opulento.
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