Alfredo Munoz
Poeta recién llegado
Entre un rumor y un suspiro
muy bajito, muy bajito
le oí yo decir al lago:
-¿Qué se le ha perdido al viento
que se le ve tan airado?
- Por la arboleda se le oye
gemir,
como a un pobre enamorado.
Y yo me acordé de ti,
Y me sentí solidario.
El viento, por la arboleda,
del verde se ha enamorado.
Desquiciado, por la arboleda
gimiendo,
quiere encontrar a su hado.
Teme él, haberlo perdido.
¿Por donde?
.......................... .
¿O es que se lo dejó de olvido?
Por la arboleda se escucha:
Claro y tímido, un suspiro
que se enreda con las ramas,
con las hojas, hierbas bajas,
zarzas moras y febriles amapolas.
Allí arriba,
en altas copas de cipreses,
de contagio se enardece.
Se encarama; ruega y brama
¡se le oye suspirar!
- ahora envuelto en color-
como el humano suspira;
cuando en él anida amor.
.....Y yo me acorde de ti
Y me olvidé de mi olvido.
O, ¿era de Hierba el suspiro
que clamaba por saciar
así, la sed del olvido?
Y a Viento, se le olvidó,
la razón de su descuido.
Y quiso dar, y por dar;
al lago rogó su esencia
con un tan tierno suspiro .
Que a Lago se le ondularon
de alegría los encajes.
Y a Viento, le falto tiempo
por volver por los ramajes.
Y con él, revuelto, trajo:
¡Mil millones de estrellitas!
De las que llaman Rocío.
Y, las fue dejando con besos
en todos los corazones
que de verde vio vestidos.
Y yo me acordé de ti.
Y como la flor a la luz,
tu recuerdo, ¡A la vida!
A mí me abrió los sentidos.
La misma esencia mezcló
el viento:
Su anhelo, su ansia y su celo.
Al recuerdo le ciñó aquel suspiro:
¡Cómo al madero, su clavo!
- Aguda herida de amor-
y dulce, la que de Amor
le hizo esclavo.
muy bajito, muy bajito
le oí yo decir al lago:
-¿Qué se le ha perdido al viento
que se le ve tan airado?
- Por la arboleda se le oye
gemir,
como a un pobre enamorado.
Y yo me acordé de ti,
Y me sentí solidario.
El viento, por la arboleda,
del verde se ha enamorado.
Desquiciado, por la arboleda
gimiendo,
quiere encontrar a su hado.
Teme él, haberlo perdido.
¿Por donde?
.......................... .
¿O es que se lo dejó de olvido?
Por la arboleda se escucha:
Claro y tímido, un suspiro
que se enreda con las ramas,
con las hojas, hierbas bajas,
zarzas moras y febriles amapolas.
Allí arriba,
en altas copas de cipreses,
de contagio se enardece.
Se encarama; ruega y brama
¡se le oye suspirar!
- ahora envuelto en color-
como el humano suspira;
cuando en él anida amor.
.....Y yo me acorde de ti
Y me olvidé de mi olvido.
O, ¿era de Hierba el suspiro
que clamaba por saciar
así, la sed del olvido?
Y a Viento, se le olvidó,
la razón de su descuido.
Y quiso dar, y por dar;
al lago rogó su esencia
con un tan tierno suspiro .
Que a Lago se le ondularon
de alegría los encajes.
Y a Viento, le falto tiempo
por volver por los ramajes.
Y con él, revuelto, trajo:
¡Mil millones de estrellitas!
De las que llaman Rocío.
Y, las fue dejando con besos
en todos los corazones
que de verde vio vestidos.
Y yo me acordé de ti.
Y como la flor a la luz,
tu recuerdo, ¡A la vida!
A mí me abrió los sentidos.
La misma esencia mezcló
el viento:
Su anhelo, su ansia y su celo.
Al recuerdo le ciñó aquel suspiro:
¡Cómo al madero, su clavo!
- Aguda herida de amor-
y dulce, la que de Amor
le hizo esclavo.