Que se perdio en esa guerra

Sebastian Lasegna

Poeta recién llegado
Cantos divinos abren el camino de la coronacion,
en una mano el corazon, en la otra mi razon.

El golpeo de los bastones
de las guardianes de su puerta,
semidesnudas, marcan el ritmo de mis pasos,
su camino es el ocaso de la oscuridad.
LLaman a mi elevacion, me dan la verdad,
su luz alimenta mi calma,
el humo de su fuego baña mi esperanza.
Suenan sobre mi el choque de espadas.

Me dejan entrar en su templo
recorro el suelo, en dos dividido
la cuadricula del camino recto,
y paso a paso llego al final que espero.
Termino. Me dan un libro negro,
me bañan en liquido espeso,
proponen para mi un reto,
encontrar la belleza
en su pelo, que hondea al viento
y en el vuelo de sus alas.
Suenan sobre mi las espadas.

Desde mas alto lanzan en manto
que cubre mi mirar, y luego un abrazo
regalo por el sacrificio.
Su sacerdote, mi oficio,
y el vicio, el oro que alimenta mi alma.
Suenan sobre mi las espadas


Ya es por la mañana
siglo primero despues de la marca
ya no escucho sobre mi las espadas
ya no miramos a nuestra espalda
el tuerto trajo la paz y la calma
solo vemos su templo
y adoramos la piramide
mientras su mirada nos ilumina desde su cuspide.
Pasa el tiempo,
ahora soy dueño, de la mirada inocente de mi mujer
mientras el poder me alimenta
porque eleji ser y no estar.
El vela por su mar de naciones
mientras yo vuelo sobre mi nacion de letras.


Ahora miro desde el monte
el fuego y el detrozo,
el rojo vivo del despojo,
del rapto, del llanto,
y el canto de los pocos,
mientras me inundala ceguera
de una mente que prefirio el poder a la espera
y que se perdio en esa guerra.
 

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