Alfredo grande merino
Poeta recién llegado
Al final he terminado en el mismo lugar
donde todo comenzó, a través del
cristal sucio de esta vieja taberna veo
la tarde pasar vestida de ese gris oscuro
que siempre amenaza calabobos y que no deja
de ahondar en mi agónica nostalgia de ti.
Anoche, volviste a mi sueño, como
en los últimos treinta años te dejas
ver para regalarme tu figura de nuevo,
siempre remota en el tiempo y tan real,
que hasta esos años han pasado por
nuestros cuerpos sin tu saberlo,
hemos envejecido juntos.
En la distancia si, sin ser conscientes
el uno del otro, tan solo al antojo
de Morfeo coincidimos en una mirada
que ha vuelto ha hacerme sentir enamorado,
ha anhelar ser preso del azabache de tus ojos
y esclavo de tus intenciones más ardientes.
La lluvia al fin se hizo presente, joder
no traje paraguas, seguramente el agua
en mi cara me hará salir de esta somnolencia
feliz en la que me hace caer tu recuerdo,
y apuro el trago como tú y yo lo apurábamos
cuando teníamos prisa para todo.
Para todo menos para, decirnos lo que
sentíamos, porque nunca nos fundimos
en un beso, ni en un abrazo ni tan siquiera
sentimos cerca nuestros alientos, pero....
percibíamos nuestros deseos, se buscaban
nuestros ojos, dentro de la nada en que habitábamos.
Un adiós frío como el acero fue el final
un, ya nos veremos sin intención alguna,
evitamos otro tipo de despedida por temor
a que algo se nos moviera dentro,
decidimos olvidar y olvidarnos de nosotros
trabajos, vidas y caminos totalmente opuestos.
Y no se por que, ya que sin tan solo desearlo,
continuaste apareciendo en mis noches
a lo largo de los años....quizás también te halla
visitado inconscientemente y te entregaras
a mi recuerdo resarciendo nuestra indiferencia,
rescatando caricias y besos inexistentes.
Al final estoy donde todo comenzó
pero falta tu cerveza al otro lado
de la mesa, una percha vacía a la
derecha de mi viejo abrigo, vacío
que me acongoja, suspiro entrecortado
que vuela imaginando tu presencia.
La realidad no era lo que veíamos,
estábamos, pero ausentes, solo rostros
frente a frente, verborrea inocua,
fingiendo amistad y obviando sentimientos.
entrenando día a día despedidas
pero ignorantemente labrando sueños.
Original de Alfredo Grande Merino
donde todo comenzó, a través del
cristal sucio de esta vieja taberna veo
la tarde pasar vestida de ese gris oscuro
que siempre amenaza calabobos y que no deja
de ahondar en mi agónica nostalgia de ti.
Anoche, volviste a mi sueño, como
en los últimos treinta años te dejas
ver para regalarme tu figura de nuevo,
siempre remota en el tiempo y tan real,
que hasta esos años han pasado por
nuestros cuerpos sin tu saberlo,
hemos envejecido juntos.
En la distancia si, sin ser conscientes
el uno del otro, tan solo al antojo
de Morfeo coincidimos en una mirada
que ha vuelto ha hacerme sentir enamorado,
ha anhelar ser preso del azabache de tus ojos
y esclavo de tus intenciones más ardientes.
La lluvia al fin se hizo presente, joder
no traje paraguas, seguramente el agua
en mi cara me hará salir de esta somnolencia
feliz en la que me hace caer tu recuerdo,
y apuro el trago como tú y yo lo apurábamos
cuando teníamos prisa para todo.
Para todo menos para, decirnos lo que
sentíamos, porque nunca nos fundimos
en un beso, ni en un abrazo ni tan siquiera
sentimos cerca nuestros alientos, pero....
percibíamos nuestros deseos, se buscaban
nuestros ojos, dentro de la nada en que habitábamos.
Un adiós frío como el acero fue el final
un, ya nos veremos sin intención alguna,
evitamos otro tipo de despedida por temor
a que algo se nos moviera dentro,
decidimos olvidar y olvidarnos de nosotros
trabajos, vidas y caminos totalmente opuestos.
Y no se por que, ya que sin tan solo desearlo,
continuaste apareciendo en mis noches
a lo largo de los años....quizás también te halla
visitado inconscientemente y te entregaras
a mi recuerdo resarciendo nuestra indiferencia,
rescatando caricias y besos inexistentes.
Al final estoy donde todo comenzó
pero falta tu cerveza al otro lado
de la mesa, una percha vacía a la
derecha de mi viejo abrigo, vacío
que me acongoja, suspiro entrecortado
que vuela imaginando tu presencia.
La realidad no era lo que veíamos,
estábamos, pero ausentes, solo rostros
frente a frente, verborrea inocua,
fingiendo amistad y obviando sentimientos.
entrenando día a día despedidas
pero ignorantemente labrando sueños.
Original de Alfredo Grande Merino
Última edición: