Odisea
Poeta recién llegado
La condena es sabia,
tiene sus ojos rozando mis parpados,
como si la luna enceguecida llorase
cada vez que parto
La condena es un tanto curiosa,
perversa se antecede a su sombra,
para escabullirse ante la sed
de la única verdad,
la existencia.
Condena que me has poseído en un embrujo avernal,
del que he de obedecer por inercia.
Si el tiempo envejece no le seria infiel,
si de el, he maltratado innecesariamente.
Me ha enseñado que en la muerte no hay abundancia que se jacte de hacerse placentera,
arden inmortales injurias de la humanidad.
He sentido con el frió del viento, como evolucionan las despedidas,
volviéndose tristes circos del olvido,
porque mi sonrisa no deslumbra algún encanto,
mas si de vivir se tratase, entonces,
el brillo mortal e inocente de mi alma,
encandilaría la ciudad.
No es la avidez de una jovial pasión,
es la lúgubre serena de la razón,
que en su presencia etérea,
enmudece mis ojos para citar
a mi corazón.
tiene sus ojos rozando mis parpados,
como si la luna enceguecida llorase
cada vez que parto
La condena es un tanto curiosa,
perversa se antecede a su sombra,
para escabullirse ante la sed
de la única verdad,
la existencia.
Condena que me has poseído en un embrujo avernal,
del que he de obedecer por inercia.
Si el tiempo envejece no le seria infiel,
si de el, he maltratado innecesariamente.
Me ha enseñado que en la muerte no hay abundancia que se jacte de hacerse placentera,
arden inmortales injurias de la humanidad.
He sentido con el frió del viento, como evolucionan las despedidas,
volviéndose tristes circos del olvido,
porque mi sonrisa no deslumbra algún encanto,
mas si de vivir se tratase, entonces,
el brillo mortal e inocente de mi alma,
encandilaría la ciudad.
No es la avidez de una jovial pasión,
es la lúgubre serena de la razón,
que en su presencia etérea,
enmudece mis ojos para citar
a mi corazón.