MaríaA.G
Poeta veterana en el Portal
Que venga a darme su blanca mano de Luna,
para ponerla en la oscuridad de la noche,
segando los campos secos de vida,
apartando los ataúdes silencioso del camino,
bañando con su mirada clara la luz de mis ojos,
auspiciando los sentidos, para que brame mi alma;
enhebrando los hilos de la esperanza
entre las varas enramadas del tirso;
arrastrándome a los confines del Océano de vida plena,
inundando mi árida albufera,
enmarañando las ramas de mi razón,
con la irracionalidad de las suyas.
Que suenen las trompetas del amor en los oídos
para ensordecerme y no escuchar más que sus notas,
clavando las flechas de Cupido en mi corazón yerto,
hasta hacerle brotar, como fontanas al viento,
muriendo de amor sincero, sereno cálido
Embrujarle con la magia de la irreflexión
de la más intrépida y apasionante locura;
que sus dedos se mezan entre los surcos de mi cabello
fluyendo la sangre gélida, hasta fundir mi razón,
impregnando los sentimientos con los vapores emanados
del amor más puro, profundo, perfecto y eterno...
para ponerla en la oscuridad de la noche,
segando los campos secos de vida,
apartando los ataúdes silencioso del camino,
bañando con su mirada clara la luz de mis ojos,
auspiciando los sentidos, para que brame mi alma;
enhebrando los hilos de la esperanza
entre las varas enramadas del tirso;
arrastrándome a los confines del Océano de vida plena,
inundando mi árida albufera,
enmarañando las ramas de mi razón,
con la irracionalidad de las suyas.
Que suenen las trompetas del amor en los oídos
para ensordecerme y no escuchar más que sus notas,
clavando las flechas de Cupido en mi corazón yerto,
hasta hacerle brotar, como fontanas al viento,
muriendo de amor sincero, sereno cálido
Embrujarle con la magia de la irreflexión
de la más intrépida y apasionante locura;
que sus dedos se mezan entre los surcos de mi cabello
fluyendo la sangre gélida, hasta fundir mi razón,
impregnando los sentimientos con los vapores emanados
del amor más puro, profundo, perfecto y eterno...