Littera
Poeta asiduo al portal
A María Arenas
Que yo por ti no me quemo:
sin tregua alguna me abraso,
desde la aurora al ocaso,
desde popa al parasemo,
sin tregua alguna me abraso,
desde la aurora al ocaso,
desde popa al parasemo,
y en este perpetuo ardor
a duras penas distingo,
tal y como estoy mesingo,
qué va del goce al dolor.
a duras penas distingo,
tal y como estoy mesingo,
qué va del goce al dolor.
Que yo por ti ya no lloro,
sino que entero me inundo
en perlas cuantas el mundo
permite entrar en su aforo,
sino que entero me inundo
en perlas cuantas el mundo
permite entrar en su aforo,
mas ahí queda mi fuego,
si en momentos apagado,
en apariencia empapado,
renacido en agua luego.
si en momentos apagado,
en apariencia empapado,
renacido en agua luego.
Que yo por ti no suspiro,
y es que aquilones exhalo
con los que el rumbo devalo
de barcos a los que tiro
y es que aquilones exhalo
con los que el rumbo devalo
de barcos a los que tiro
cuando en ti mi pensamiento
concentra sus pocos focos,
te imagina envuelta en crocos
y hace gran exaltamiento.
concentra sus pocos focos,
te imagina envuelta en crocos
y hace gran exaltamiento.
Que yo por ti no razono,
niña, y casi ni hasta duermo,
pues en salud ando enfermo,
lo imperdonable perdono,
niña, y casi ni hasta duermo,
pues en salud ando enfermo,
lo imperdonable perdono,
torpe equivoco lo fácil,
valiente arrostro peligros,
vuelvo prestos a los pigros
y gravoso lo que es grácil.
valiente arrostro peligros,
vuelvo prestos a los pigros
y gravoso lo que es grácil.
Casos tales deben ser
los que padece el noble hombre
falto de todo renombre
mas ferviente en el querer.
los que padece el noble hombre
falto de todo renombre
mas ferviente en el querer.