Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
QUEMÁNDONOS
Quemándonos sembramos el delirio,
el roce que florece a los desiertos,
a ríos, manantiales en conciertos,
bebemos mansamente sin martirio.
Germinan las miradas en un lirio,
los pétalos diamantes son abiertos,
encienden sus colores y despiertos
crepita firmamentos nuestro cirio.
Reluce por los labios de carmines
el cielo conquistado por rubores,
agitan con sus olas los jardines
gemidos incesantes y temblores,
paraje, paraíso sin confines
de amantes que destilan sus amores.
Dvaldés
Quemándonos sembramos el delirio,
el roce que florece a los desiertos,
a ríos, manantiales en conciertos,
bebemos mansamente sin martirio.
Germinan las miradas en un lirio,
los pétalos diamantes son abiertos,
encienden sus colores y despiertos
crepita firmamentos nuestro cirio.
Reluce por los labios de carmines
el cielo conquistado por rubores,
agitan con sus olas los jardines
gemidos incesantes y temblores,
paraje, paraíso sin confines
de amantes que destilan sus amores.
Dvaldés