Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Quisiera poner de cada uno sus defectos,
en el rostro caricias de recuerdos exhumados
y tristes letras irreconocibles por la violencia de la tierra,
en el tronco todo el valor que tiene la marea celosa
para no tocar de nuevo la arena de tantos pies y tantas huellas.
Tener la extremidad toda llena en sentimientos
Que juran y revelan la alegría de un polo opuesto,
Hacerlo pesar de evitaciones experienciales,
como plantas enredaderas que dormitan débiles al sereno,
creer un juego imposible de girasoles que embellecen en invierno.
Cubrir su cuerpo de retazos,
con ese pasado infantil para que arda,
para que deje que una luna ilumine una nueva noche,
sin que en las estrellas se dibujen rostros viejos, ni anhelos, ni intensiones,
solo un nuevo mañana plagado de sarcásticas incoherencias,
que revelen en la mente la posibilidad de un nuevo esquema,
la ruta de un edén, como paraisos de leche perdidos en la infancia,
a felicidad encarnada en la sensación de desaparecer y aparecer las cosas.
Que arda este muñeco en la puerta de mi alma,
de lo que sienta o piense cenizas pulvericen mi mañana,
sin que por eso deje de escribir esto que quiero,
que arda mi pena por un dolor imaginado,
pues el viento nunca arrastro las rosas a mi cara,
ni marco los tatuajes de las puntas que yo veo en el espejo.
en el rostro caricias de recuerdos exhumados
y tristes letras irreconocibles por la violencia de la tierra,
en el tronco todo el valor que tiene la marea celosa
para no tocar de nuevo la arena de tantos pies y tantas huellas.
Tener la extremidad toda llena en sentimientos
Que juran y revelan la alegría de un polo opuesto,
Hacerlo pesar de evitaciones experienciales,
como plantas enredaderas que dormitan débiles al sereno,
creer un juego imposible de girasoles que embellecen en invierno.
Cubrir su cuerpo de retazos,
con ese pasado infantil para que arda,
para que deje que una luna ilumine una nueva noche,
sin que en las estrellas se dibujen rostros viejos, ni anhelos, ni intensiones,
solo un nuevo mañana plagado de sarcásticas incoherencias,
que revelen en la mente la posibilidad de un nuevo esquema,
la ruta de un edén, como paraisos de leche perdidos en la infancia,
a felicidad encarnada en la sensación de desaparecer y aparecer las cosas.
Que arda este muñeco en la puerta de mi alma,
de lo que sienta o piense cenizas pulvericen mi mañana,
sin que por eso deje de escribir esto que quiero,
que arda mi pena por un dolor imaginado,
pues el viento nunca arrastro las rosas a mi cara,
ni marco los tatuajes de las puntas que yo veo en el espejo.
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