Funámbula Peperina
Poeta recién llegado
Me había olvidado del placer de convertir
la noche en una estampida de elefantes
que hiciera de mi cuerpo temblor.
Un pájaro de fuego
que quemara en colores el silencio
y que abriera con sus alas
un incendio en mi desvelo.
Porque la luna es mejor cuando arde,
cuando florece roja, espinada de estrellas:
Rosa,
clavel,
amapola.
El delirio me inflama los labios,
una serpiente en llamas me habita la córnea
y el viento me escupe al oído mariposas que cantan
con las voces de la muerte, para recordarme
que no es el tiempo quien escribe mi epitafio,
sino el miedo al que le temo tanto.
La noche es roja como mi cuerpo de alquimia
y como mi cuerpo fumífero e ingrávido,
la noche se extiende sobre el desierto.
Rozan mis pies hialinos sobre la arena
atestada de sueños lapidados ,
mientras atrapo mis murmullos con la lengua,
mientras aplaudo con la tinta entre los dedos.
Porque hablo en los colores de la aurora
y escribo palpando entre insomnios la eternidad.
La noche es roja y no hay por qué tener miedo.
la noche en una estampida de elefantes
que hiciera de mi cuerpo temblor.
Un pájaro de fuego
que quemara en colores el silencio
y que abriera con sus alas
un incendio en mi desvelo.
Porque la luna es mejor cuando arde,
cuando florece roja, espinada de estrellas:
Rosa,
clavel,
amapola.
El delirio me inflama los labios,
una serpiente en llamas me habita la córnea
y el viento me escupe al oído mariposas que cantan
con las voces de la muerte, para recordarme
que no es el tiempo quien escribe mi epitafio,
sino el miedo al que le temo tanto.
La noche es roja como mi cuerpo de alquimia
y como mi cuerpo fumífero e ingrávido,
la noche se extiende sobre el desierto.
Rozan mis pies hialinos sobre la arena
atestada de sueños lapidados ,
mientras atrapo mis murmullos con la lengua,
mientras aplaudo con la tinta entre los dedos.
Porque hablo en los colores de la aurora
y escribo palpando entre insomnios la eternidad.
La noche es roja y no hay por qué tener miedo.
Última edición: