Leo du chateau
Poeta recién llegado
Hoy agonizó en frente de mis párpados,
Diez dedos han sido los culpables,
Al igual que los tuyos
Aquella sensación de perpetua soledad
Una vez más trata de convencerme
Que una simple palabra mía
Alguna vez entrelazaste en sueños
Cómo apreciarte en un reflejo empañado
Si ya el vapor, parece dejarme sin aliento
Mientras tu aún permaneces de pie
Y me muestras cruelmente un arcoiris sin colores
Que pintaste tan bien como tus sentimientos.
Hubo quizás, una pequeña chispa
Creada por dos mentes ásperas como caliza
Mas, una solitaria gota de pudor
Fue suficiente para rescatar a ambos
Pecadores, sigilosos desvergonzados
Pero prodigiosos como el rezago de una fogata
Así observe desvanecerse nuestro amorío,
tal cual fragancia echada al pecho
tan volátil al descubierto pero
perpetua como una llaga
dejándome un aroma
entre lo dedos,
el tuyo.
Finalmente
la chispa, que tejiamos
a ojos cerrados y sin fronteras,
murió.
Diez dedos han sido los culpables,
Al igual que los tuyos
Aquella sensación de perpetua soledad
Una vez más trata de convencerme
Que una simple palabra mía
Alguna vez entrelazaste en sueños
Cómo apreciarte en un reflejo empañado
Si ya el vapor, parece dejarme sin aliento
Mientras tu aún permaneces de pie
Y me muestras cruelmente un arcoiris sin colores
Que pintaste tan bien como tus sentimientos.
Hubo quizás, una pequeña chispa
Creada por dos mentes ásperas como caliza
Mas, una solitaria gota de pudor
Fue suficiente para rescatar a ambos
Pecadores, sigilosos desvergonzados
Pero prodigiosos como el rezago de una fogata
Así observe desvanecerse nuestro amorío,
tal cual fragancia echada al pecho
tan volátil al descubierto pero
perpetua como una llaga
dejándome un aroma
entre lo dedos,
el tuyo.
Finalmente
la chispa, que tejiamos
a ojos cerrados y sin fronteras,
murió.