EL IMIAMENSE
Poeta
Querencias (in dubio pro reo)
(A Asun)
Yo quisiera volver a usar tu cepillo de dientes
y seguir prometiendo comprar uno propio.
Quisiera volver a ducharme con jabones caseros
y usar tu kimono de invierno
sin tener calzoncillos debajo.
Quisiera mirar las montañas y los trenes que pasan
frente a tu ventana.
Quisiera traer a un cura a bendecir tu cama
o nuestra cama, como yo te pedí bautizarla.
Quisiera ir por tabacos en una de las bicicletas
de tu garaje, abrazar
tu cintura mientras me cocinas,
arrojarle a tu perra, trozos
de mis comidas mientras te enfadas
y lanzar su colección de pelotas de tenis
al fondo del patio, interminablemente
por los siglos de los siglos.
Quisiera aumentarle las ganas
a tu vecina adosada y de paso
curarle el insomnio.
Quisiera bajar las escaleras corriendo
resbalando más bien, como tantas veces.
Ocupar mi sitio en tu sillón de lecturas
con un libro prohibido, observarte leer,
trabajar y escuchar música
todo a la vez.
¡Pero solo un poquito!
Tu quisieras
(y que conste que invoco la
pre- Asunción de inocencia)
que transcurra el tiempo.
hacer un trueque aparentemente inocente.
Ofrecer segundos, minutos, horas
y conseguir olvidos a precios de saldo.
Quisieras inaugurar el enfriamiento global
controlar el deshielo, evitar
que se derritan los iglúes de los esquimales pobres.
Quisieras encomendarte
a un inesperado Alzheimer,
el inventor de la desmemoria
y a sus efectos secundarios.
Quisieras apuntarte a todos esos planes
concebidos para evadir realidades:
Lo mismo, desenterrando pecios de
galeones hundidos, proporcionando
sujetadores a las chicas de FEMEN,
paralizando a toda costa la pesca de delfines
o que vayan de ocupas en las plazas de toros
los cascos azules de la ONU.
Todo con tal de olvidar
diez meses y veintiocho días.
Mejor acabar juntos en el sofá
con mi cabeza en tus piernas
y mis manos descontroladas.
¡Solo un ratito!
El IMIAMENSE (Copyright)
(A Asun)
Yo quisiera volver a usar tu cepillo de dientes
y seguir prometiendo comprar uno propio.
Quisiera volver a ducharme con jabones caseros
y usar tu kimono de invierno
sin tener calzoncillos debajo.
Quisiera mirar las montañas y los trenes que pasan
frente a tu ventana.
Quisiera traer a un cura a bendecir tu cama
o nuestra cama, como yo te pedí bautizarla.
Quisiera ir por tabacos en una de las bicicletas
de tu garaje, abrazar
tu cintura mientras me cocinas,
arrojarle a tu perra, trozos
de mis comidas mientras te enfadas
y lanzar su colección de pelotas de tenis
al fondo del patio, interminablemente
por los siglos de los siglos.
Quisiera aumentarle las ganas
a tu vecina adosada y de paso
curarle el insomnio.
Quisiera bajar las escaleras corriendo
resbalando más bien, como tantas veces.
Ocupar mi sitio en tu sillón de lecturas
con un libro prohibido, observarte leer,
trabajar y escuchar música
todo a la vez.
¡Pero solo un poquito!
Tu quisieras
(y que conste que invoco la
pre- Asunción de inocencia)
que transcurra el tiempo.
hacer un trueque aparentemente inocente.
Ofrecer segundos, minutos, horas
y conseguir olvidos a precios de saldo.
Quisieras inaugurar el enfriamiento global
controlar el deshielo, evitar
que se derritan los iglúes de los esquimales pobres.
Quisieras encomendarte
a un inesperado Alzheimer,
el inventor de la desmemoria
y a sus efectos secundarios.
Quisieras apuntarte a todos esos planes
concebidos para evadir realidades:
Lo mismo, desenterrando pecios de
galeones hundidos, proporcionando
sujetadores a las chicas de FEMEN,
paralizando a toda costa la pesca de delfines
o que vayan de ocupas en las plazas de toros
los cascos azules de la ONU.
Todo con tal de olvidar
diez meses y veintiocho días.
Mejor acabar juntos en el sofá
con mi cabeza en tus piernas
y mis manos descontroladas.
¡Solo un ratito!
El IMIAMENSE (Copyright)