puroamor
Poeta fiel al portal
Se muere la tarde, pero nunca el dolor,
subsiste en el alma, como gota de hiel,
que inunda la mente, con amargo sabor,
desde el día aquél, en que te vi en el burdel.
Tus ojos abiertos, la mueca, de asombro.
Tus manos… inquietas, tu cliente… maltrecho.
¡Quién iba a decirlo!: ¡Tus piernas al hombro!
¡Quién iba a decirlo!: ¡Desnuda hasta el pecho!
Tus manos… inquietas, tu cliente… maltrecho.
¡Quién iba a decirlo!: ¡Tus piernas al hombro!
¡Quién iba a decirlo!: ¡Desnuda hasta el pecho!
Dejé que acabaras, tan grato momento,
sin prisa lo hiciste… costumbre secreta,
pudor no tuviste, tampoco un lamento,
y al ir a ducharte, estabas inquieta.
sin prisa lo hiciste… costumbre secreta,
pudor no tuviste, tampoco un lamento,
y al ir a ducharte, estabas inquieta.
Volviste sumisa, me viste a los ojos,
por dentro... fogosos, por fuera... llorosos,
mi rabia era plena, tu cara, sonrojos,
tan solo tenía, deseos dolosos.
por dentro... fogosos, por fuera... llorosos,
mi rabia era plena, tu cara, sonrojos,
tan solo tenía, deseos dolosos.
Excusas no hubieron, dijiste: ¡te quiero!
¡Tu tonto no soy!, ¡Se acabaron tus juegos!
Después de lo visto, ¡por ti no me muero!,
me voy para siempre, ¡me valen tus ruegos!
¡Tu tonto no soy!, ¡Se acabaron tus juegos!
Después de lo visto, ¡por ti no me muero!,
me voy para siempre, ¡me valen tus ruegos!
Allí la dejé, acostada en su lecho,
como una ramera, como una cualquiera.
Me fui cabizbajo, pensando en el hecho.
Por eso me duele. ¡Amado no hubiera!
como una ramera, como una cualquiera.
Me fui cabizbajo, pensando en el hecho.
Por eso me duele. ¡Amado no hubiera!
Última edición: