Quiéreme niña, quieréme siempre
que yo recordaré
el bamboleo de tus caderas,
el dulzor de tus guayabas y melazas
y el compás alborotado del rompe olas
en la piedra vieja de la caleta.
Mañana, cuando parta en mi navío,
quiero ver tu lindo talle agitando un pañuelo blanco
y yo al unísono, eleve su blanca lona.
Cuando regrese, te pasearé a la orilla del Palmar
en una carreta tirada por caballos de pura sangre,
a esa hora en la que la luz riela en la superficie
de las aguas que golpean el Malécón y su alameda,
y saben a su salitre los besos
de una mulata salerosa.
Quiéreme niña. Quiéreme siempre.
que yo recordaré
el bamboleo de tus caderas,
el dulzor de tus guayabas y melazas
y el compás alborotado del rompe olas
en la piedra vieja de la caleta.
Mañana, cuando parta en mi navío,
quiero ver tu lindo talle agitando un pañuelo blanco
y yo al unísono, eleve su blanca lona.
Cuando regrese, te pasearé a la orilla del Palmar
en una carreta tirada por caballos de pura sangre,
a esa hora en la que la luz riela en la superficie
de las aguas que golpean el Malécón y su alameda,
y saben a su salitre los besos
de una mulata salerosa.
Quiéreme niña. Quiéreme siempre.