Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Quieres conocerme?
lo deseas realmente.....,
con mis traumas e inhibiciones,
que se desgastan en mi cerebro,
que taciturno aún las observo,
con mis años a cuesta,
que no son muchos......, pero
tampoco son pocos,
que me duelen la espalda,
que no se apiadan de mis rodillas,
que no se detienen en mis sienes.
Con mis contradicciones,
que tienen un duelo a muerte
y palidecen
cuando las miro de frente,
que se contraponen con mi intimidad,
que insaciable se ahoga en mi pecho,
que es implacable con su amor,
que es testosterona y piel en el sexo,
que es suavidad, susurro y arrullo en el mismo sexo,
y aún después..... del sexo,
con mi corazón,
que se aprieta e inclina,
al llanto....., a la mirada de un niño,
al hambre de esta humanidad,
a los gestos que dicen te amo,
con mis sueños......,
irreales algunos,
agonizantes otros,
insoportables siempre.
¿No te abruma irme conociendo?
a sólo un hombre,
con sus recovecos más íntimos,
con su melancolía estrepitosa,
que sigue tratando de encontrarte,
que sigue esperando tu compañía,
que por veces la soledad lo sobrecoge,
que eres necesaria en su interior,
que estúpido aún te sueña,
que la timidez es su fiero oponente,
que el retraimiento es su más fiel amigo,
que la terquedad la heredo del tiempo,
que se entristece, llora y ¡¡GRITA!! con el engaño,
que su defecto mayor es la confianza,
que sus hijos le roban el corazón.
Que se ha deslizado....
con un espejo en su espalda,
que minusválido queda después de estas letras,
que aún mantendrá guardado secretos,
que sólo confesará a tus oídos,
que sólo paladearán tus labios,
que sólo acariciarán tus manos,
que sólo se llenarán en tus ojos,
que limpio se entregará en tu regazo.
Como has leído.....
sigo siendo un mortal,
como quien te rodea,
que sólo busca su felicidad
y que te promete te hará feliz,
no por siempre,
pero, si por continuos y breves instantes,
pues..., yo nací para conocerte,
pues..., yo vivo para complacerte,
pues..., yo moriré para recibirte.
lo deseas realmente.....,
con mis traumas e inhibiciones,
que se desgastan en mi cerebro,
que taciturno aún las observo,
con mis años a cuesta,
que no son muchos......, pero
tampoco son pocos,
que me duelen la espalda,
que no se apiadan de mis rodillas,
que no se detienen en mis sienes.
Con mis contradicciones,
que tienen un duelo a muerte
y palidecen
cuando las miro de frente,
que se contraponen con mi intimidad,
que insaciable se ahoga en mi pecho,
que es implacable con su amor,
que es testosterona y piel en el sexo,
que es suavidad, susurro y arrullo en el mismo sexo,
y aún después..... del sexo,
con mi corazón,
que se aprieta e inclina,
al llanto....., a la mirada de un niño,
al hambre de esta humanidad,
a los gestos que dicen te amo,
con mis sueños......,
irreales algunos,
agonizantes otros,
insoportables siempre.
¿No te abruma irme conociendo?
a sólo un hombre,
con sus recovecos más íntimos,
con su melancolía estrepitosa,
que sigue tratando de encontrarte,
que sigue esperando tu compañía,
que por veces la soledad lo sobrecoge,
que eres necesaria en su interior,
que estúpido aún te sueña,
que la timidez es su fiero oponente,
que el retraimiento es su más fiel amigo,
que la terquedad la heredo del tiempo,
que se entristece, llora y ¡¡GRITA!! con el engaño,
que su defecto mayor es la confianza,
que sus hijos le roban el corazón.
Que se ha deslizado....
con un espejo en su espalda,
que minusválido queda después de estas letras,
que aún mantendrá guardado secretos,
que sólo confesará a tus oídos,
que sólo paladearán tus labios,
que sólo acariciarán tus manos,
que sólo se llenarán en tus ojos,
que limpio se entregará en tu regazo.
Como has leído.....
sigo siendo un mortal,
como quien te rodea,
que sólo busca su felicidad
y que te promete te hará feliz,
no por siempre,
pero, si por continuos y breves instantes,
pues..., yo nací para conocerte,
pues..., yo vivo para complacerte,
pues..., yo moriré para recibirte.