Quenser
Poeta recién llegado
Mirando el cristal empañado
recuerdo los momentos de aquella tarde
chisposa de amor, goteo de sentimientos
Recuerdo, el diluvio provincial
-a la perfección- cuando el tiempo enloquece
lanzando los dardos del aburrimiento
u otros aún desconocidos para mi.
-ni Noé podría salvarnos de tal utopía-
Recuerdo aún mejor a ella,
cada milésima de mili segundo era única,
su forma de vestir, su contoneo
hasta el lugar de cada peca en su cara
-prestaba tanta atención al besarla-
El lugar no importaba mucho, estábamos juntos,
sólos todo giraba a nuestro alrededor-
dos adolescentes fugaces -tan puros-
metiéndonos mano sin perjuicios
explorando deseosos cada recóndito lugar.
El tiempo no lo recuerdo, creo,
-era difuso con tanta nube-
pero si cada una de sus palabras
y que las horas eran segundos
y nuestro primer te quiero.
Acabando de finalizar un dulce beso,
dirigió sus manos hacia mi barbilla
y me levantó la mirada
hasta llegar a sus ojos los miré
fijamente viéndome reflejado-
Allí ocurrió nuestro primer te quiero
con la melodía
que producen los labios al separarse.
recuerdo los momentos de aquella tarde
chisposa de amor, goteo de sentimientos
Recuerdo, el diluvio provincial
-a la perfección- cuando el tiempo enloquece
lanzando los dardos del aburrimiento
u otros aún desconocidos para mi.
-ni Noé podría salvarnos de tal utopía-
Recuerdo aún mejor a ella,
cada milésima de mili segundo era única,
su forma de vestir, su contoneo
hasta el lugar de cada peca en su cara
-prestaba tanta atención al besarla-
El lugar no importaba mucho, estábamos juntos,
sólos todo giraba a nuestro alrededor-
dos adolescentes fugaces -tan puros-
metiéndonos mano sin perjuicios
explorando deseosos cada recóndito lugar.
El tiempo no lo recuerdo, creo,
-era difuso con tanta nube-
pero si cada una de sus palabras
y que las horas eran segundos
y nuestro primer te quiero.
Acabando de finalizar un dulce beso,
dirigió sus manos hacia mi barbilla
y me levantó la mirada
hasta llegar a sus ojos los miré
fijamente viéndome reflejado-
Allí ocurrió nuestro primer te quiero
con la melodía
que producen los labios al separarse.