Asklepios
Incinerando envidias
Quiero hoy, sobre tu pecho,
depositar mi último dolor,
mis últimos suspiros;
quiero olvidar esa
engañosa belleza que el reposado
cariño tiene; quiero también, dejar de
seducirte desde este, tan íntimo silencio y,
sin miedo, salir de una vez de esta emboscada
que ha esclavizado demasiados
días de mi vida.
Pero no es fácil, y lo sabes.
Además, me di cuenta de todo demasiado tarde,
tras desperdiciar miles de mis días
atrapado en tu omnipotente espejismo
que, siendo sincero, es algo que aún duele.
Por fortuna, mis ojos, ahora, han aprendido a
ver y a mirar de otra manera. Y siento
cómo, el pasar del tiempo, siempre de gran ayuda
ocultando y deshaciendo dolores, angustias y quebrantos,
me ha facilitado, - no del todo convencido-,
comenzar a reírme de ellos.
Ahora, totalmente convencido, puedo, ¡por fin¡,
aliviarme con esta sincera despedida.
depositar mi último dolor,
mis últimos suspiros;
quiero olvidar esa
engañosa belleza que el reposado
cariño tiene; quiero también, dejar de
seducirte desde este, tan íntimo silencio y,
sin miedo, salir de una vez de esta emboscada
que ha esclavizado demasiados
días de mi vida.
Pero no es fácil, y lo sabes.
Además, me di cuenta de todo demasiado tarde,
tras desperdiciar miles de mis días
atrapado en tu omnipotente espejismo
que, siendo sincero, es algo que aún duele.
Por fortuna, mis ojos, ahora, han aprendido a
ver y a mirar de otra manera. Y siento
cómo, el pasar del tiempo, siempre de gran ayuda
ocultando y deshaciendo dolores, angustias y quebrantos,
me ha facilitado, - no del todo convencido-,
comenzar a reírme de ellos.
Ahora, totalmente convencido, puedo, ¡por fin¡,
aliviarme con esta sincera despedida.