Quiero ponerme una camisa sin colores,
y traslucir mi piel y mis pisadas,
esconderme en la boca de un bostezo
para que no me encuentres en tus sueños.
Ya no quiero habitar en tu memoria
con la melancolía de los enfermos,
triste como una casa
abandonada,
inútil como lagrima
perdida
en la equivocación del calendario.
Quiero dejar de ser la ciega calle
que camina en la noche
a tropezones,
armándose y cayéndose en pedazos
y vuelta a levantar con su bastón
de sombras.
Ya no quiero sentirme un trozo del desierto
arrastrando la espalda,
rompiendo en las arenas las rodillas,
desgastando el amor
en busca de unas manos que lo abriguen.
Quiero ya no quererte.
Ya no quiero, en verdad
ya no quiero
querer.
y traslucir mi piel y mis pisadas,
esconderme en la boca de un bostezo
para que no me encuentres en tus sueños.
Ya no quiero habitar en tu memoria
con la melancolía de los enfermos,
triste como una casa
abandonada,
inútil como lagrima
perdida
en la equivocación del calendario.
Quiero dejar de ser la ciega calle
que camina en la noche
a tropezones,
armándose y cayéndose en pedazos
y vuelta a levantar con su bastón
de sombras.
Ya no quiero sentirme un trozo del desierto
arrastrando la espalda,
rompiendo en las arenas las rodillas,
desgastando el amor
en busca de unas manos que lo abriguen.
Quiero ya no quererte.
Ya no quiero, en verdad
ya no quiero
querer.