Casanova
Poeta recién llegado
Una noche, de espléndidas estrellas,
un lucero me mira, vacilante,
y parece decirme en sus centellas:
soy el alma de aquella vida errante,
Que en tu vida dejó sus mudas huellas.
Te he seguido a través del firmamento,
y sé bien que vislumbras sobre ellas:
Me lo dice el corazón, con hondo acento.
Yo también, como tú, sufro el flagelo
de esta ausencia mordaz, que me devora;
de mis noches de amargo desconsuelo;
de mis días sin luz y sin aurora.
Yo quisiera, lo mismo que un lucero,
seguirte en los espacios siderales,
alejados del mundo traicionero
y el sórdido vivir de los mortales.
tu recuerdo es la aurora que ilumina
el oscuro sendero de mi vida;
y como alma perdida en la neblina,
llevo a cuestas la cruz de tu partida.
Esta noche contemplo el infinito,
y pido a Dios que, un venturoso día,
me lleve, por el mismo senderito,
allá donde tú estas, amada mía.
Pero sabré esperar, con estoicismo,
el momento final de mi partida;
que la muerte me saque del abismo
fatal y doloroso de la vida.
un lucero me mira, vacilante,
y parece decirme en sus centellas:
soy el alma de aquella vida errante,
Que en tu vida dejó sus mudas huellas.
Te he seguido a través del firmamento,
y sé bien que vislumbras sobre ellas:
Me lo dice el corazón, con hondo acento.
Yo también, como tú, sufro el flagelo
de esta ausencia mordaz, que me devora;
de mis noches de amargo desconsuelo;
de mis días sin luz y sin aurora.
Yo quisiera, lo mismo que un lucero,
seguirte en los espacios siderales,
alejados del mundo traicionero
y el sórdido vivir de los mortales.
tu recuerdo es la aurora que ilumina
el oscuro sendero de mi vida;
y como alma perdida en la neblina,
llevo a cuestas la cruz de tu partida.
Esta noche contemplo el infinito,
y pido a Dios que, un venturoso día,
me lleve, por el mismo senderito,
allá donde tú estas, amada mía.
Pero sabré esperar, con estoicismo,
el momento final de mi partida;
que la muerte me saque del abismo
fatal y doloroso de la vida.
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