NightHunterdxa
Poeta recién llegado
Oh, mi princesa, espectro de luz en mi noche sin fin,
con tu cabello negro como el ala de un cuervo, mi dulce serafín.
Tus ojos guardan el secreto de este mundo y su confín,
allí donde el sol ya no brilla, y el silencio es mi violín.
Recuerdo tu silueta, de pie, frágil pero fiera,
con esa blusa blanca que al viento se meciera.
Como una visión pura que en la playa yo quisiera,
mientras el mar susurraba tu nombre en la ribera.
Y esa sonrisa tuya, oh, princesa, que el hielo quiebra,
radiante como el ámbar que en la sombra se enhebra;
tus labios carmesí, un dulce vino que me desvela,
en esa copa con menta que nuestro encuentro revela.
Pero el destino es cruel, y nos separa este abismo,
una distancia de sombras que me hunde en mí mismo.
Vivo en un castillo frío, lleno de oscurantismo,
añorando tu tacto, tu risa, tu dulce misticismo.
Cada carta que te escribo es un suspiro del viento,
un lamento gótico que busca tu pensamiento.
Te veo en mis sueños en un baile de tormento,
desde que me sonríes con ese gesto divino y violento.
La noche es mi compañera, la luna mi testigo
de cómo este amor oscuro me lleva siempre contigo.
Te imagino en las dunas, con la arena como abrigo,
pero yo aquí, entre paredes de piedra y castigo.
Pero hay un rayo de esperanza en esta torre sombría,
un contador de lunas que me da aliento todavía.
Quince lunas más, amor mío, hasta que termine la agonía,
hasta que tus manos toquen mi piel fría.
He marcado los días en una calavera de plata,
con cera roja y negra, con devoción insensata.
Cada hora que pasa es una tortura que me mata,
pero la promesa de verte, el corazón me arrebata.
El tiempo se arrastra, lento como un caracol,
en este cementerio de sueños sin un solo sol.
Pero la tormenta de arena me dice que me falta control,
quince lunas más, y el mundo tendrá un nuevo farol.
En quince lunas, el velo entre mundos se romperá,
y tu presencia, mi vida, la oscuridad disipará.
Te espero, princesa, con un amor que no se acabará,
con un lazo que en la eternidad se grabará.
Que los cuervos te lleven mi amor en sus alas,
que el viento susurre cuando te echo en falta en mis salas.
Quince noches más, hasta que la noche se acabe,
y tú vuelvas a ser mi amor, mi enigma en la sombra, mi hermoso clavel.
con tu cabello negro como el ala de un cuervo, mi dulce serafín.
Tus ojos guardan el secreto de este mundo y su confín,
allí donde el sol ya no brilla, y el silencio es mi violín.
Recuerdo tu silueta, de pie, frágil pero fiera,
con esa blusa blanca que al viento se meciera.
Como una visión pura que en la playa yo quisiera,
mientras el mar susurraba tu nombre en la ribera.
Y esa sonrisa tuya, oh, princesa, que el hielo quiebra,
radiante como el ámbar que en la sombra se enhebra;
tus labios carmesí, un dulce vino que me desvela,
en esa copa con menta que nuestro encuentro revela.
Pero el destino es cruel, y nos separa este abismo,
una distancia de sombras que me hunde en mí mismo.
Vivo en un castillo frío, lleno de oscurantismo,
añorando tu tacto, tu risa, tu dulce misticismo.
Cada carta que te escribo es un suspiro del viento,
un lamento gótico que busca tu pensamiento.
Te veo en mis sueños en un baile de tormento,
desde que me sonríes con ese gesto divino y violento.
La noche es mi compañera, la luna mi testigo
de cómo este amor oscuro me lleva siempre contigo.
Te imagino en las dunas, con la arena como abrigo,
pero yo aquí, entre paredes de piedra y castigo.
Pero hay un rayo de esperanza en esta torre sombría,
un contador de lunas que me da aliento todavía.
Quince lunas más, amor mío, hasta que termine la agonía,
hasta que tus manos toquen mi piel fría.
He marcado los días en una calavera de plata,
con cera roja y negra, con devoción insensata.
Cada hora que pasa es una tortura que me mata,
pero la promesa de verte, el corazón me arrebata.
El tiempo se arrastra, lento como un caracol,
en este cementerio de sueños sin un solo sol.
Pero la tormenta de arena me dice que me falta control,
quince lunas más, y el mundo tendrá un nuevo farol.
En quince lunas, el velo entre mundos se romperá,
y tu presencia, mi vida, la oscuridad disipará.
Te espero, princesa, con un amor que no se acabará,
con un lazo que en la eternidad se grabará.
Que los cuervos te lleven mi amor en sus alas,
que el viento susurre cuando te echo en falta en mis salas.
Quince noches más, hasta que la noche se acabe,
y tú vuelvas a ser mi amor, mi enigma en la sombra, mi hermoso clavel.