Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una señorita
de grande belleza
giró mi cabeza
por su cinturita
¡Por Dios, mamacita!
-Le dije al voltear-
¡Quisiera palpar
lo buena que está!
Grosero atrevido
-me dijo enojada-,
y al tiempo exaltada,
el aire aguerrido
subió su vestido
y fue a susurrar:
¡Quisiera palpar
lo buena que está!
La hermosa criatura
cual rojo clavel,
gotones de hiel
sudaba en su agrura;
y al ver su figura
me puse a pensar:
¡Quisiera palpar
lo buena que está!
El viento seguía
mostrando sus piernas
-tan firmes, tan tiernas-,
y su anatomía;
y yo en mi osadía
acoté en su penar:
¡Quisiera palpar
lo buena que está!
de grande belleza
giró mi cabeza
por su cinturita
¡Por Dios, mamacita!
-Le dije al voltear-
¡Quisiera palpar
lo buena que está!
Grosero atrevido
-me dijo enojada-,
y al tiempo exaltada,
el aire aguerrido
subió su vestido
y fue a susurrar:
¡Quisiera palpar
lo buena que está!
La hermosa criatura
cual rojo clavel,
gotones de hiel
sudaba en su agrura;
y al ver su figura
me puse a pensar:
¡Quisiera palpar
lo buena que está!
El viento seguía
mostrando sus piernas
-tan firmes, tan tiernas-,
y su anatomía;
y yo en mi osadía
acoté en su penar:
¡Quisiera palpar
lo buena que está!
Quitóse de en medio
de do estaba el aire
y un gesto al desaire
me hizo en su tedio;
y yo sin remedio
tuve que gritar:
¡Adiós muñequita
perdone mi hablar,
mas hay una cosa
que quiero agregar:
quisiera palpar
lo buena que está!
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