Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quisiera tu cabello tendido aquí en mi almohada
regado en su color de adorno en tu mirada:
señuelo combatiente de luces y destellos;
quisiera que me ahogaras de vida en tu sonrisa
que esparce la cadencia más fina de la brisa
bebiendo de tus besos las ansias que hay en ellos.
Quisiera de tus dedos caricias infinitas
cual lumbre en remolino que incendia donde habitas;
quisiera que tus piernas asfixien mi cordura
con un abrazo enorme de fiera enredadera,
y dentro de tu oleaje perderme en tu cadera
cubierto de tu aroma, fragancia de locura.
Quisiera tantas cosas con sólo imaginarte,
pues siempre que te pienso te veo cual estandarte;
por eso me enaltece la llama de tu amor,
que está temblando ahora con un ardiente fuego
mi nombre entre tus labios que buscan mi sosiego
diciendo que quisieras conmigo un nuevo albor.
regado en su color de adorno en tu mirada:
señuelo combatiente de luces y destellos;
quisiera que me ahogaras de vida en tu sonrisa
que esparce la cadencia más fina de la brisa
bebiendo de tus besos las ansias que hay en ellos.
Quisiera de tus dedos caricias infinitas
cual lumbre en remolino que incendia donde habitas;
quisiera que tus piernas asfixien mi cordura
con un abrazo enorme de fiera enredadera,
y dentro de tu oleaje perderme en tu cadera
cubierto de tu aroma, fragancia de locura.
Quisiera tantas cosas con sólo imaginarte,
pues siempre que te pienso te veo cual estandarte;
por eso me enaltece la llama de tu amor,
que está temblando ahora con un ardiente fuego
mi nombre entre tus labios que buscan mi sosiego
diciendo que quisieras conmigo un nuevo albor.
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