Maite Aranguren
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quisiera que estas palabras lanzadas al viento,
llegaran a tus oídos como suave bálsamo que cura fatigas.
Que estas letras que pintan el otrora blanco lienzo,
las repitiera tu boca como agua fresca de verano.
Quisiera que mi cincel esculpiera para tí el perfecto destino,
reservado tan sólo para unos pocos privilegiados.
Que tu voz fuera siempre mi compañía,
y la emoción que en mí se desborda, colmara tus alegrías.
Quisiera que mis saladas lágrimas, vertidas al oirte hablar,
formen trozos de mar donde naveguen los sentimientos.
Que tu sonrisa apareciera siempre, como la dulce luna
creciente reposando tumbada en tu rostro.
Quisiera que te aferraras a esto, como un niño asustado
entre la multitud se agarra a la figura emergente de su madre.
Que yo fuera la calma que amaniara la furiosa tormenta
que golpea sin pudor el frágil velero de la vida.
Quisiera formar parte de tus recuerdos, igual que los sabores y olores de la infancia,
que a fuego quedan grabados en la memoria.
Que no te cansaran jamás mis palabras,
como savia que llega al árbol cada primavera para hacerlos reverdecer.
Quisiera que tus secretos se cruzaran con los míos,
como balas de paz que hagan de lo desconocido un juego.
Que la felicidad se aproxime envuelta en el papel de tus brazos,
como regalo del amor que nos profesamos.
llegaran a tus oídos como suave bálsamo que cura fatigas.
Que estas letras que pintan el otrora blanco lienzo,
las repitiera tu boca como agua fresca de verano.
Quisiera que mi cincel esculpiera para tí el perfecto destino,
reservado tan sólo para unos pocos privilegiados.
Que tu voz fuera siempre mi compañía,
y la emoción que en mí se desborda, colmara tus alegrías.
Quisiera que mis saladas lágrimas, vertidas al oirte hablar,
formen trozos de mar donde naveguen los sentimientos.
Que tu sonrisa apareciera siempre, como la dulce luna
creciente reposando tumbada en tu rostro.
Quisiera que te aferraras a esto, como un niño asustado
entre la multitud se agarra a la figura emergente de su madre.
Que yo fuera la calma que amaniara la furiosa tormenta
que golpea sin pudor el frágil velero de la vida.
Quisiera formar parte de tus recuerdos, igual que los sabores y olores de la infancia,
que a fuego quedan grabados en la memoria.
Que no te cansaran jamás mis palabras,
como savia que llega al árbol cada primavera para hacerlos reverdecer.
Quisiera que tus secretos se cruzaran con los míos,
como balas de paz que hagan de lo desconocido un juego.
Que la felicidad se aproxime envuelta en el papel de tus brazos,
como regalo del amor que nos profesamos.
:: Ya no distingo bien lo que es fantasía o realidad, porque a veces mis sueños y desvelos son tan intensos que parecen materializarse. Pero lo que si son reales son mis sentimientos y el amor desmedido que siento dentro.